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sábado, 25 de mayo de 2013

INVENTARIO

Por Hernán Barrios

LOS OJOS PARA VER LA LUNA LLENA.
LAS MANOS PARA HACER UNA CARICIA.
LA BOCA QUE DENUNCIA UNA INJUSTICIA.
LA NEGRA PALIDÉZ DE TU CONDENA.

EL AIRE QUE SE CUELA EN TUS PULMONES.
EL SOL QUE TE MUESTRA EL CAMINO.
LAS PIERNAS QUE ME VUELVEN PEREGRINO.
LA MUSA QUE PASEA EN MIS CANCIONES.

LOS BRAZOS CON QUE ABRAZAS A TU HERMANO.
EL HOMBRO QUE LE PRESTAS A UN AMIGO.
LA INMENSA LIBERTAD DEL FUGITIVO.
LA HONDA ESCLAVITUD DE LOS TIRANOS.

EL PECHO DONDE HABITAN EMOCIONES.
EL LECHO QUE DA VIDA A TUS PECADOS.
LA RAZÓN QUE MANTIENE ANESTESIADO.
AL SALVAJE ANIMAL DE TUS PASIONES.

LA COLUMNA VERTEBRAL QUE TE SOSTIENE.
EL PÁNCREAS, CORAZÓN Y LOS PULMONES.
EL DÍA QUE GUARDASTE EN LOS CAJONES.
AL AMOR QUE AHORA EN DUDA SE DEVIENE.

EL ÁNGEL QUE OLVIDASTE A LOS DOS AÑOS.
EL PACTO QUE FIRMASTE CON LA VIDA.
LA MOÑA QUE DEJASTE DESTEÑIDA.
EL DULCE SINSABOR DEL DESENGAÑO.

TU MENTE QUE RAZONA SIN RAZONES.
TU FRENTE SIEMPRE EN ALTO, SIEMPRE ALERTA.
LA ESCOBA QUE OLVIDASTE TRAS LA PUERTA.
LAS PIEDRAS QUE CLAVÁS EN MIS RIÑONES.

TU CUELLO QUE ME INVITA A RECORRERLO.
LOS NUDOS QUE DESHICE CON LAS MANOS.
EL BESO QUE ME DISTE AQUEL VERANO.
LOS ROUNDS QUE FUI PERDIENDO SIN SABERLO.

EL HUMO QUE TE ATA Y TE APRISIONA.
UN PENE, UNA VAGINA, MIL GEMIDOS.
LOS DUENDES DE TU PANZA QUE HAN HUÍDO.
POR CULPA DE TU MENTE QUE ES MANDONA.

EL TODO QUE AHORA SABE A CASI NADA.
EL MODO EN QUE VOMITO MIS TRISTEZAS.
EL "TE AMO" QUE OLVIDASTE ALLÁ EN TU PIEZA.
LA TIBIA FRIALDAD DE TU MIRADA.

QUISIERA SER MEJOR DE LO QUE HE SIDO.
TENER MUCHOS MILLONES PARA DARTE.
DIAMANTES Y RUBÍES REGALARTE.
Y NO ESTOS POBRES VERSOS ABURRIDOS.

LLORO ESTROFAS QUE DEVIENEN EN CANCIONES.
SUDO RIMAS QUE NO LLEGAN A SU META.
NO TE SUBAS AL SUEÑO DE UN POETA.
SI NO PUEDES AMAR SUS ILUSIONES.

domingo, 31 de marzo de 2013

CELESTE

Por Hernán Barrios


Tenía 12 años recién cumplidos. Era la noche del domingo y al otro día, temprano, nos volvíamos a Buenos Aires. Mis padres me habían dado algún dinero para gastar en las tragamonedas, mientras ellos probaban suerte en otros juegos. El ruido ensordecedor de voces y fichas, así como el humo asfixiante de los cigarros, volvían el ambiente abrumador.

Casi había agotado mis reservas cuando una niña, rubia, delgada y de piel blanca como la luna, se paró a mi lado. Tenía un vestido hasta las rodillas color rosa y unas caravanas con forma de estrellas. Entre tímido y confundido la miré y le pregunté su nombre. Así, los ojos más verdes que jamás había visto me devolvieron la mirada, y una voz dulce y suave como la miel me dijo: Celeste.

Luego sonrió y me tomó de la mano. La suya y la mía pusieron, juntas, mi última moneda en la ranura. Bajamos la palanca y las fichas comenzaron a caer en cascada junto a la estridencia de luces y sirenas. Busqué alegre y sorprendido la complicidad de su mirada y ya no estaba. Mis padres me levantaron en andas entre carcajadas y gritos. ¡Había ganada una pequeña fortuna!

 Solo yo sabía que en realidad la había perdido.

sábado, 22 de diciembre de 2012

LA VIEJA ATORRANTA

Por Hernán Barrios


Otro año llega a su fin. Pero no uno cualquiera, sino el 2012, el que supuestamente y para nosotros los terrícolas iba a ser el último. Recuerdo que escribí sobre esto hace ya casi un año en el artículo titulado A VIVIR QUE SE TERMINA EL MUNDO. Pero el tema es que, a pesar de que las cosas están bastante jodidas en el planeta, todavía estamos acá, vivitos y coleando. Por ende y ante la evidente imposibilidad de zafar del compromiso, ha llegado el momento de volver a escribir un nuevo saludo de bienvenida al año que comienza.

Pero en esta oportunidad y por primera vez, he decidido copiar un cuento de otra persona. ¿Por qué lo hago? Porque la historia que voy a compartir transmite, exactamente, los sentimientos que me acompañan este fin de año y que quiero evocar, y porque yo no podría, por más que lo intentara, hacerlo mejor.

Lo que voy a transcribir es el capítulo final del último libro del licenciado Gabriel Rolón, titulado Encuentros (El lado B del amor). Este libro llegó a mis manos vaya uno a saber si por obra y arte de la casualidad o del destino –que son las dos opciones posibles-, y tuvo la enorme virtud de hacerme reflexionar sobre temas tan cotidianos y complejos como lo son el amor, las relaciones humanas, la fidelidad y su antónimo, el deseo, la pasión, la niñez, la adultez, etc. Todo abordado desde el punto de vista de la psicología pero explicado en un lenguaje claro y coloquial, e ilustrado con ejemplos reales nacidos en el diván del autor.

sábado, 15 de diciembre de 2012

LA LÁGRIMA

Por Hernán Barrios


El agudo silbido que entró por mi costado trajo consigo la certeza del fin. No sentí dolor, solo un ardor caliente que me incendió el pecho y reventó el alma. Mi tiempo se detuvo siglos antes de que el sonido de aquella lejana detonación entrara, sigiloso y transparente, en mis oídos. Luego, solo silencio.

Era temporada de caza y las estancias de la zona estaban atestadas de gringos armados en busca de liebres, mulitas o perdices. Yo lo sabía y debí tomar las precauciones del caso. Un descuido simple y fatal.

Creo que antes de tocar el piso llegué a susurrar un triste –“puta carajo…” que más que una puteada fue una súplica. Un intento reflejo de estrujar la certeza de la realidad y torcer la trayectoria de aquella bala asesina. Miré al cielo y el blanco hirviente del sol del mediodía me cegó por completo.

No hay tiempo para lamentos cuando un pedazo de plomo te raja el corazón al medio. Solo una lágrima, triste y resignada, deja en la tierra el húmedo registro de una vida que se apaga.

                                                                   

miércoles, 3 de octubre de 2012

CAMBIOS

Por Hernán Barrios


La vida se esfuma en un segundo que intenta ser eterno. Los días se nos caen de los bolsillos y los pisamos, como pisamos hojas secas en invierno. Solo una foto vieja y desteñida nos avisa cada tanto que hubo un tiempo que se ha ido, que ya no viste de estreno nuestro humano vestido, y que hemos cambiado más, bastante más de lo creído. Lo único constante es el cambio; cambian las modas, cambian los sueños, cambian las palabras y también las ganas; cambian las pasiones que cambian de dueño, las noches perdidas nos fruncen el ceño, y hasta nuestros ojos cambian su mirada. Pero entre tanto cambio, hay algo que no cambia: nuestra esencia. Esa llama, ese fuego interior que una vez se encendió para alguna vez apagarse, es inmune al virus corrosivo del paso del tiempo. Lo encendió el amor una noche lejana juntando dos cuerpos, y se esfuma solo, al alzar el vuelo con el último aliento.




sábado, 14 de julio de 2012

DIGNIDAD

Por Hernán Barrios


         Abrí los ojos sobresaltado. Casi no podía respirar y tampoco moverme. Sentía que algo poderoso me agarraba de los brazos y me oprimía el pecho con fuerza. Intenté liberarme pero fue en vano.

Estaba oscuro, y aquel aliento caliente y ácido se me metía por las narinas como un fuego. Una maraña de brazos sudorosos y enormes manos como tenazas, me tapaban la boca y estrujaban las costillas contra el suelo. Quise pelear y no conseguí moverme. Quise gritar y mi grito no pasó de un sórdido gemido que me retumbó en el pecho como una bomba. Mis ropas me abandonaron bastante antes que mis fuerzas, por lo que aún golpeado y desnudo seguí tratando de escapar. Luego, mi desesperación y furia cercenadas cedieron lastimosamente terreno a la impotencia y a la tristeza, para decantar por último en resignación.

Una lágrima que encerraba toda la amargura del mundo corrió sin prisa por mi mejilla, y fue vorazmente absorbida por el piso polvoriento de aquella celda. Las paredes húmedas y grises de la cárcel fueron testigos silentes del robo de la última cosa que conservaba para mí, y que aún condenado, me hacía sentir parte del mundo: la dignidad.

Fue en abril. Tenía 32 años recién cumplidos, y esa fue mi primera noche en el penal de Santiago Vázquez.


miércoles, 30 de mayo de 2012

CORREO URGENTE A MI CORAZÓN

Por Hernán Barrios

La pulseada entre la razón y la emoción es una partida que en mi caso, siempre ha estado inclinada hacia el lado de la primera. Y lo digo con vergüenza, porque me gustaría que no fuera así. Me encantaría poder dejarme llevar por las emociones y que todo lo demás me importara un comino. ¡Cómo me gustaría! Y no lo es por varios motivos, pero principalmente por culpa de un enemigo íntimo que me acompaña desde mi más tierna infancia, "el miedo”.

Hay circunstancias especiales en que esta lucha se hace más visible, más tangible, más carnal, y estos miedos se manifiestan en forma de poema.






Escribe mi mano este correo urgente
que de puño y letra dicta mi emoción;
buscando respuestas fuera de mi mente,
al mar de preguntas de mi corazón.

Ayer fue la dicha de unirte a mi vuelo,
hoy la triste calma de la soledad.
En el medio trozos de tierra y de cielo;
¿dónde se ha escondido la felicidad?

Sin querer perderte no quiero encontrarte.
Por querer quererte ya no sé quién soy.
Me guiñó la vida un ojo al buscarte;
me gruñó la muerte y no sé a donde voy.

Decime corazón no tengas miedo, ¿existe realmente el amor de verdad?
No agrandes la ilusión no más del suelo, va a estrellarse al fin mi felicidad.
Me basta una certeza aunque no sea cierta; me sobra un mal motivo para continuar.
Mandame una ilusión que golpee a mi puerta, te prometo hermano que la dejo entrar.

Reclamo certezas de donde agarrarme,
o acaso una pista para investigar.
El amor eterno, ¿existe realmente?
¿O trae siempre fecha de caducidad?

¿Dónde están los sueños, dónde están las ganas,
o esas noches locas casi sin dormir?
Y esa fantasía de atarte a mi cama,
¿cómo es que se ha ido antes de venir?

Un amor pensado no es amor, me dicen;
en los sentimientos no entra la razón.
De este amor gastado quedan cicatrices,
que rajan las venas de mi corazón.

Contame por favor no des más vueltas, ya no tengo tiempo para tropezar.
Tirame dos verdades no importa que mientas; necesito luz para caminar.
A vos te estoy hablando corazón necio, sé bien que me escuchas dame una señal.
Negarme esta ayuda va a tener un precio; puedo ser verdugo de tu palpitar.


Hernán Barrios
Montevideo, 30 de mayo de 2012.