Sinceramente aún hoy, después de haber andado treinta y pico de años sobre la faz de La Tierra, y de haber visto un sin número de situaciones inverosímiles, no dejan de asombrarme fenómenos como el que leí en la prensa hace un rato: OVNI SOBRE MONTEVIDEO.
Tal parece que el martes pasado a eso de las cuatro de la tarde, mientras se desarrollaba la caravana de recibimiento a la selección uruguaya, un objeto volador no identificado (OVNI) fue captado por algunas cámaras fotográficas, en las inmediaciones del Palacio Legislativo.
Pero lo que me asombra en realidad no es el avistamiento en sí, ya que no es la primera vez que esto sucede, sino el contexto en el que ocurre. Soy conciente –y comparto absolutamente-, que la selección dejó una imagen más que positiva en su paso por el continente negro, causando el entusiasmo y hasta el asombro de propios y ajenos. Muestra de esto son los cientos de artículos periodísticos que se pueden encontrar a lo largo y ancho del ciberespacio, en los cuales hablan maravillas de muchos aspectos del combinado celeste, así como la infinidad de videos con los momentos más destacados de su participación en el mundial. También es de destacar la carta enviada por Joseph Blatter, presidente de FIFA, al presidente de la AUF, Sebastian Bauzá, en la que elogia el papel hecho por Uruguay, al tiempo que agradece su participación en el máximo evento futbolístico mundial. A todo esto se sumó hace un par de días, otra carta recibida en la AUF y dirigida al maestro Tabárez y sus jugadores, pero esta vez de parte de la Real Academia Española. ¿Raro no? Pero es así. Parece que esta gente de letras quedó tan bien impresionada por el correcto uso del idioma utilizado por los miembros de la delegación uruguaya, que decidió felicitarlos expresamente. ¿Qué talco? Tenemos una selección uruguaya que además de jugar bien, es entendida en cuestiones idiomáticas. ¡No es para cualquiera eh! Hasta aquí todo más que bien.
Pero que además de todo lo mencionado, que no es poca cosa, la selección uruguaya de fútbol haya despertado el interés de seres de otro planeta, ya es una cosa que no se puede creer. ¡Qué grande que sos Uruguay!
No me imagino exactamente cual será el punto en el que están interesados los locos éstos, pero seguramente deben estar tratando de llevarse algún pique para aplicarlo en los atletas de su planeta. Estoy convencido de que su primer punto de interés no está centrado en la selección en sí, sino en el resto de nosotros, y debe hacer foco más bien en cuestiones orgánico-cardíacas. Los marcianos se deben estar preguntando cómo mierda se hace, para que tres millones y pico de personas miren un partido del tipo Uruguay-Ghana, y a ninguno le explote el ventrículo izquierdo en el proceso. Me juego la cabeza que hasta para la civilización más avanzada, eso es todo un logro de la biología. En el terreno de la física de los movimientos y el rozamiento, seguramente venían con intenciones de entrevistar a Forlan, para que les pase el dato de cómo hacer doblar la trayectoria de una pelota de fútbol, en los últimos diez metros de su recorrido hacia el arco. Seguramente algún marciano experto en psiquiatría debe haber venido en el platillo ese, con la firme intención de entender la psique del más cuerdo de los locos, Sebastian Abreu; el único capaz de mandar la pelota en cámara lenta hacia el arco, en un partido a toda velocidad. Algún experto en nutrición deportiva también debe haber venido, a fin de averiguar qué carajo come el Ruso Pérez antes de cada partido, para lograr meter como mete. Seguro que los mata la curiosidad.
Supongo que los intriga también el hecho de que nuestro arquero tenga el poder mental de lograr aliarse con cosas inanimadas y aparentemente inertes, como son los tres palos que conforman el arco. Pero lo que más los debe intrigar, es el maestro Oscar W. Tabárez. Se deben haber preguntado una y otra vez cuando veían las declaraciones del técnico de la selección, mientras se desarrollaba la copa del mundo, cómo hace este tipo para mantener una línea emocional estable y sin picos expresivos de ninguna especie, ante el embate de las diversas preguntas de los periodistas. Ese es un caso que hasta a mí me gustaría analizar. Pierda o gane su equipo; esté triste o contento; cansado o fresco como una lechuga; vivo o muerto; el tipo no cambia jamás la expresión de su inexpresivo rostro, ni la potencia sonora de la emisión de su voz. Es un genio del autocontrol.
Bueno, la cuestión es que no tengo idea del por qué de la visita de estos amigos extraterrestres, pero de que la actuación de la selección uruguaya tuvo repercusiones cósmicas, no me queda absolutamente ninguna duda.
El día triste trajo consigo una triste noticia. Un amigo de años se ha ido para no volver. Nos ha dejado, y aunque su partida no nos tomó por sorpresa, ya que su agonía se prolongó bastante más de la cuenta, al menos a mí, igual me cuesta mucho asumir la pérdida.
Sucede que fueron muchos años de compartir cosas; momentos importantes o intrascendentes; desafíos, alegrías; tristezas; logros; fracasos; en fin, años de compartir la vida misma. Recuerdo que nos conocimos por allá por el 2001, en momentos en que la soledad se había enquistado en mi vida con serias intenciones de quedarse. Y fue básicamente él, quién me echó una mano grande en esa difícil etapa.
Como estábamos viviendo situaciones similares, decidimos en un momento aunar esfuerzos económicos, y alquilar un pequeño apartamento en 8 de octubre y Centenario, dejando yo al fin de vivir en aquella oscura pensión de la calle Juan Paullier. Y ahí estuvimos casi cuatro años. Como dato anecdótico, recuerdo que él era bastante más prolijo que un servidor para las tareas del hogar. Su especialidad, lavar ropa. No sé por qué, pero realmente lo hacía muy bien. Yo colaboraba un poco con la tarea, pero en realidad era él el que hacía todo el trabajo.
Cuando nos tuvimos que ir de ahí, seguimos alquilando juntos y nos fuimos a otro apartamento dentro de la misma zona. Y fue allí, y cuando ya hacía varios meses que estábamos viviendo en él, que mi amigo empezó con algunos problemitas de salud. Al principio fueron pequeños altercados carentes de importancia, pero al final tuvo que consultar con un especialista. Y bueno, de ahí en más las cosas solo fueron empeorando. Recuerdo que fue también por esa época en que estuvo algo así como ocho meses sin poder trabajar.
La vida continuó y durante un tiempo largo Ernesto, (que era como yo solía decirle) pareció mejorarse. Retomó sus actividades cotidianas, y su vida pareció volver a la normalidad. Esto fue así hasta hace unos tres meses, en que su salud se deterioró súbitamente, y según la persona que lo atendió, sin vuelta atrás. Y ahora, el fin.
La verdad es que el sentimiento de desolación que me embarga amigos, junto con esa pesada angustia que me aprieta la garganta, es intransferible. Quizás no debería estar haciéndolos partícipes a ustedes, mis estimados lectores, de éstas cuestiones tan tristes. Pero se supone que es para eso ¿no? En mi caso lo hago supongo, porque me sirve como deshogo. Así como en otras oportunidades he compartido cosas buenas que me han sucedido, ahora no puedo más que contarles también ésta. Sepan disculparme aquellos a los que no les ha caído bien mi relato.
Pero bueno, como suele decirse por ahí, la vida continúa. Ernesto se ha ido, pero ahora tenemos a Jaime, que tiene capacidad para 5 kilos, 16 programas de lavado, y centrifugado a 600 RPM. Toda una maravilla.
LES PRESENTO A AMBOS: AL DIFUNTO Y AL RECIÉN NACIDO.
Hace algunas semanas, un grupo de no más de treinta hombres vestidos de celeste, se tomaron un avión y partieron fronteras afuera, con la noble misión de representar al Uruguay, en una importante justa deportiva. Los despedimos sin mucho alboroto, y sin decirlo con palabras, les pedimos que trataran de hacer un papel, al menos digno. Agacharon la cabeza y se fueron en silencio.
Los días se fueron sucediendo y con ellos los primeros partidos. Un empate contra Francia; un triunfo contundente ante el local Sudáfrica; y uno algo más ajustado contra México. El mundial avanzaba y poco a poco, nuestros muchachos nos comenzaron a enviar silentes señales de que no habían ido a Sudáfrica, tan solo a hacer un papel “al menos digno”; habían ido a más. “¿Pero a cuánto más?”- nos preguntábamos algunos. Luego vino Corea del Sur, y hasta los uruguayos más escépticos comenzaron a acomodarse en la silla, y a mirar con sana desconfianza a estos locos irresponsables. Ellos por su parte, seguían sin hablar más de la cuenta, y cuando algún periodista los apuraba con alguna pregunta incisiva, tratando de desnudar sus reales intenciones, tan solo se remitían a esbozar una tímida sonrisa, y a contestar que éstas, eran intentar ganar el siguiente partido. Cuando derrotaron a Corea y pasaron a cuartos, ya hasta el más distraído de los compatriotas les había adivinado las intenciones, a estos insolentes.
Y creo yo que fue ahí, recién ahí, cuando la mayoría de nosotros comenzamos a tomar en serio a nuestra selección. Fue ahí, luego de haberlos dejado solos y sin apoyo anímico durante demasiado tiempo, cuando nos dimos cuenta de que desde el primer día, el objetivo de estos gurises y de su director técnico, no era otro que el de pelear a muerte por el campeonato del mundo. Y entonces, entre incrédulos y entusiasmados, nos subimos todos al carro de la ilusión. Y comenzamos, junto con ellos, a empujarlo.
Nuestros gladiadores siguieron dejando el alma en cada partido, y a nosotros nos explotaba el pecho de emoción; de orgullo; de alegría. El país se paralizaba cuando nuestros leones salían a la cancha, y de una punta a la otra, no se hablaba de otra cosa que no fuera de ellos, y de sus hazañas. La alegría se hizo incluso bonanza para muchos uruguayos que atinadamente, decidieron vender objetos que dieran forma a la ilusión; y así gorros, bufandas y banderas, entre otros, comenzaron rápidamente a formar parte del paisaje ciudadano. Pero mucho más importante que toda esta decorativa parafernalia, fue que de golpe, la alegría y la sonrisa, se instalaron definitivamente en el rostro de todos nosotros. Y fuimos felices. Y somos felices.
¿Y qué podemos decirles a estos hombres, que equipare en parte lo que han hecho por nosotros? ¿Cómo podemos hacer para transferirles al menos un poco, de la inmensa dosis de alegría con la que ellos mismos nos han inyectado?
La primera palabra que me viene a la mente como uruguayo, casi arrastrada a prepo por la vergüenza, es PERDON. Si, perdón por no haber creído desde un principio en ustedes. Perdón por haber pensado que lo suyo era solo un trámite; un pasaje de vuelta; un paseo. Perdón por haber afirmado que no pasaban a octavos. Perdón por mi poca fe, y por no haberles tenido la suficiente confianza. Confianza que a ustedes les sobraba y les daba vueltas en el cuerpo. Confianza que decidieron no soltar en forma de palabras, pero sí darle forma de corazón, adentro de una cancha de fútbol. Nuevamente perdón.
La otra palabra que sale corriendo desaforada de mi boca, sin tener que hacer yo esfuerzo alguno, es GRACIAS. MUCHAS, PERO MUCHAS GRACIAS.
Gracias por la alegría. Gracias por la emoción. Gracias por el llanto liberador. Gracias por hacernos sentir orgullosos de ser uruguayos; de vivir en esta tierra; de ser quienes somos. Gracias por demostrarnos que cuando queremos, podemos estar todos unidos. Gracias por hacernos sentir que no hay color más hermoso que el celeste; que no hay abrigo más caliente que una bandera; que no hay arma más poderosa que una sonrisa.
Bueno amigos, ¿quién lo diría no? Exactamente 35 días después de haber apostado todas las fichas al equipo Uruguayo en el artículo URUGUAY CAMPEÓN DEL MUNDO 2010, escrito un lejano 30 de mayo, y hasta de haber publicado incluso mi propio fixture algunos días después, hoy estamos a tan solo dos partidos de que ese pronóstico, casi utópico, se vuelva una realidad. Y cuando hablo de ese pronóstico casi utópico, obviamente no lo digo desde mi punto de vista, ya que mi convicción siempre fue de que sí se podía llegar a estas instancias, sino desde el punto de vista de la mayoría de las personas, –uruguayas y extranjeras- que poco crédito le daban a esta selección charrúa. En este momento, a 20 horas del partido contra Holanda, la mayoría de las cadenas internacionales de deportes están hablando las 24 horas de la selección Uruguaya, y lo mismo está ocurriendo con los portales de noticias y los diarios internacionales. Ahora todos hablan de Uruguay. Antes, casi nadie.
Y me pregunto lo siguiente: ¿cuáles son las razones que han llevado a la selección Uruguaya a estas instancias definitorias de la copa del mundo? ¿Cuáles son los motivos que han hecho que esta humilde y callada selección, que se subió al tren del mundial a último momento y llegó a Sudáfrica sin ruidos ni aspavientos, haya ahora entrado en los anales de la historia del fútbol nacional, y por qué no internacional?
HUMILDAD
Considero que humildad es uno de los ingredientes principales que han hecho de esta receta, una de las más ricas del mundial. Pero a no confundir humildad con apocamiento. La humildad a la que hago referencia, que es la que se respira en toda la delegación Uruguaya y se escucha en sus declaraciones, es la humildad de los grandes. Esa que se refleja en cada una de sus acciones. Humildad es no hablar más de la cuenta, y mucho menos tratando de desacreditar verbalmente al contrario. Humildad es no creerse más que los demás, pero tampoco menos. Humildad es hacer culto al trabajo diario y no fiarse de las virtudes de sus integrantes (que por cierto las tienen). Humildad es respetar siempre al equipo rival y preparar los partidos en consecuencia. Humildad es ver a un Diego Forlan, exitoso profesional, trabajando horas cual si fuera un novato en la materia, en la retención de pelota contra una pared, a fin deacostumbrarse a las nuevas características de la jabulani. Eso, entre muchas otras cosas, es la humildad.
CONFIANZA
Aunque pueda parecerlo, esta característica lejos está de ser contrapuesta a la anterior. Creo yo que esta selección Uruguaya tiene en sus entrañas la misma cantidad de humildad que de confianza en sí misma. La diferencia es que la confianza se divulga menos, y se aprovecha más. La confianza es un sentimiento grupal que nace y crece gracias a un proceso, y que no necesariamente tiene que salir por la boca, ni hacerse pública. La confianza es una reserva anímica que se guarda en lo más íntimo de cada jugador, y que solo se deja ver en la cancha, cuando se juntan las once piezas del equipo. Confianza es saber en sus fibras más íntimas que a priori todo partido es ganable. Confianza es tener la sabiduría para entender y asimilar que adentro de la cancha y del otro lado, no habrá jamás Dioses, sino once hombres iguales y mortales, con sus defectos y virtudes, y que a partir de esta realidad imbatible y absoluta, cualquier resultado es posible. Incluso un resultado adverso, pero eso se sabrá una vez que el juez haya dado el pitazo final del partido, jamás antes.
ENTREGA
La entrega no depende del estado físico del jugador. La entrega es el dar un poco más de lo que el cuerpo puede. La entrega depende más del estado físico del corazón que de las piernas. A la vista está que Uruguay ha superado en estas últimas instancias a dos selecciones, como son Corea y Ghana, que físicamente estaban mejor preparadas, llegando incluso con ésta último a disputar un alargue de 30 minutos, más los penales. Y los cuerpos de nuestros muchachos aguantaron, y hasta me atrevería a decir que podrían haber seguido si hubiera sido necesario. ¿Y por qué pasa esto? Porque estos muchachos tiene metido en el corazón la droga de la entrega. Ellos están absolutamente convencidos de que pueden perder cualquier partido de la copa del mundo, pero también pueden ganarlo. Y jamás lo harán reservando energías. Jamás permitirán volverse a casa con una derrota, y al mismo tiempo con un gramo de energía en las piernas. Podrán ser derrotados, claro, porque el fútbol es así, unos ganan y otros pierden, y las circunstancias que llevan a esto son variadas, pero jamás serán derrotados sin antes haberse desmayado por revertir ese resultado. Eso es la entrega, y eso no lo tienen todas las selecciones del mundial. Mucho menos las europeas.
ENERGÍA POSITIVA
No es un discurso para las cámaras que parte del técnico y se repite en los jugadores; no es una frase hecha que se repite porque queda linda; es una realidad. Estos muchachos están felices de estar disputando un mundial, y lo disfrutan al máximo. Y este sentimiento de felicidad trae aparejado, entre otras cosas, una energía positiva que creo yo, es una de las armas más fuertes que tiene el equipo. Esta energía positiva que está incrustada bien adentro de cada jugador y del cuerpo técnico, y que se ve claramente cuando observamos imágenes de la concentración de Uruguay, con sus asados y sus partidos de ping pong, es la que ha hecho entre otras cosas, que las pelotas de los rivales peguen en los palos. Algunos le llaman suerte, pero yo a mis 36 años, le llamo energía positiva y estoy seguro de no estar equivocado.
TALENTO
No es casualidad que la inmensa mayoría de los jugadores que integran esta selección estén jugando en las ligas más importantes del mundo. Es porque son buenos y muy buenos en lo que hacen. Son talentosos. Y son humildes, repito. Talento y humildad es la receta perfecta para el éxito. No hay otra mejor.
INTELIGENCIA
Esta es una virtud que en este caso la quiero hacer notar –aunque no por esto es exclusiva de él- en el técnico del equipo. El maestro Oscar Washington Tabárez ha demostrado, con una planificación certera y precisa que ha hecho de cada uno de los partidos que Uruguay ha disputado en la copa, que el nivel profesional que ha alcanzado a esta altura de su vida, es excepcional. En este proceso seguramente el maestro pone en marcha, además de su intelecto, su experiencia y por que no, su intuición. Pero sin duda alguna que ha sido más que importante para conseguir los resultados que se consiguieron, la acertada planificación de los partidos que el maestro ha hecho durante esta copa del mundo.
TRABAJO
Dejé esta última condición para lo último, porque considero que es la que amalgama a todas las otras y hace que el cóctel funcione.
En cualquier orden de la vida, el trabajo y la perseverancia son fundamentales. El trabajo es el cimiento y las vigas que hacen que el edificio del talento no se derrumbe ante el primer viento en contra. El trabajo constante que ha llevado adelante el maestro Tabárez y sus ayudantes durante estos cuatro años, pero especialmente en este último mes en Sudáfrica, ha sido el que ha permitido alistar todas las características positivas de cada uno de los jugadores, detrás de una misma causa. Sin este trabajo serio, responsable y profesional, seguramente hoy no estaríamos hablando de los éxitos de Uruguay.
Mañana contra Holanda la selección Uruguaya podrá perder o ganar. Eso va a depender de cientos de circunstancias, muchas de ellas no previsibles. Pero pase lo que pase, estoy seguro de que para la mayoría de los uruguayos, la misión de nuestra delegación va a estar cumplida. Y va a estar cumplida no por haber alcanzado un tercer o cuarto puesto en un mundial de fútbol, cosa que no se consigue desde hace cuarenta años; va a estar cumplida porque la selección nos ha demostrado que en ese safari casi en solitario que se mandó a Sudáfrica, y por el que nadie o casi nadie apostaba un centavo, ha dado todo lo que tenía. Han cumplido, porque en esa expedición al otro lado del mundo que iniciaron casi en secreto, nuestros muchachos han puesto todos sus recursos, físicos, intelectuales y emocionales, dentro del campo de juego. Y han cumplido porque después de tantos y tantos años de silencio, el nombre de Uruguay ha vuelto a brillar con fuerza en las más importantes marquesinas del fútbol mundial.
MUCHAS GRACIAS MUCHACHOS. USTEDES YA SON, HOY CINCO DE JULIO DE 2010, CAMPEONES DEL MUNDO.
Mi vida sin mi cuenta la historia de Ann (Sarah Polley), una joven madre que a los 23 años y luego de una visita de rutina al médico, recibe la noticia de que le quedan no más de tres meses de vida.
Ann vive con su esposo y sus dos pequeñas hijas en una casa rodante, en el patio trasero de la casa de su madre. Luego de recibir esta trágica noticia decide no contárselo a nadie, y vivir a pleno el escaso tiempo que le queda de vida. Para esto confecciona en papel una lista con las cosas que no puede dejar de hacer antes de morir. En ésta, y en los que serán los tres mejores meses de su vida, se centra esta historia.
Lo que más me impactó de esta película fue la sensibilidad. Absolutamente despojada de contaminantes efectos audiovisuales, se presenta pura, sencilla y cruelmente humana. Una historia que no por común peca de aburrida ni mucho menos. Las responsables de este maravilloso resultado son, creo yo, dos mujeres; Isabel Coixet (la directora), la cual supo encontrar la forma de contar esta triste historia de una manera que no resultara abrumadora para el espectador, así como tampoco carente de contenido. A mi entender supo transitar por esa delgada línea que divide lo morboso de lo liviano, de manera magistral. La otra responsable, la a esta altura excelentísima Sarah Polley, quién supo inyectarle a su personaje la dosis justa de dramatismo e inocencia que el mismo requería.
REFLEXIONES
El primer pensamiento que nos viene a la mente a medida que transita la película, es el de tomar conciencia de que a cualquiera de nosotros nos puede pasar lo que al personaje. Sin importar nuestra edad, sexo o condición económica, nadie está libre de que en un momento determinado de nuestra vida y sin aviso previo, alguien de blanco nos diga que a la nuestra le queda bastante menos de lo que pensamos. Primero la tristeza y luego la resignación, se nos atraca en la garganta como un puño, a causa de lo que le sucede a esta joven y hermosa mujer.
El segundo, es una especie de admiración por el personaje central, por adoptar la decisión de no compartir con nadie más que con su doctor (que en definitiva es un perfecto desconocido), lo que le está sucediendo. En un gesto cargado de valentía y generosidad, Ann trata con esto de ahorrar a sus hijas y a su joven esposo, la mayor cantidad de tristeza posible. Y por cierto que lo logra.
El tercero y quizás más importante concepto que se desprende de la película a modo de enseñanza, es en realidad una pregunta: ¿por qué esperar a estar en una situación desesperada para hacer las cosas que siempre quisimos hacer? ¿Por qué razón si sabemos que nuestra vida tiene fecha de caducidad, esperamos a saberla para comenzar a vivir a pleno? ¿Por qué no hacerlo antes? Creo yo que el legado de esta hermosa película es básicamente un gran POR QUÉ. Nos deja de regalo una dosis de ánimo y reflexión sobre este tema y algún otro, y una importante disposición a hacer algo al respecto. Disposición que por supuesto, y como sucede con la mayoría de las inyecciones emocionales de este tipo, dura lo que un lirio. Al rato se nos va el impulso de agarrar lápiz, papel y ponernos a hacer nuestra propia lista, y volvemos a caer en la monotonía. Una pena; por nosotros claro.
Bueno amigos, en conclusión y para no hacer muy largo el relato, una película altamente recomendable para aquellas personas que gustan del cine de calidad y con contenido (valga la redundancia). Créanme cuando les digo que a pesar de ser una historia triste, no es de tristeza el sentimiento que nos deja al terminar, sino de ganas de hacer algo por nosotros mismo, y ahora.
No sentí dolor cuando la bala se metió en mi cuerpo. Solo tristeza. Tristeza por las personas queridas que dejaba de golpe sin siquiera despedirme, y una mansa resignación hija de la aguda certeza de tener que partir.
Al principio me sentí confundido y aturdido al mismo tiempo. El finísimo pinchazo que se clavó bajo mi brazo izquierdo junto con aquella detonación, me dejó sin aliento. Liviano. Sin peso. Mis ojos alcanzaron a mirar el chorro de sangre, oscuro y tibio que escapaba desesperadamente de mi costado, y luego dejaron deliberadamente de ver. Sabía que mi cuerpo estaba cayendo hacia adelante, pero no sentía el vértigo del movimiento. Tampoco el temor de saber que golpearía mi cara contra la calle. Solo flotaba.
En ese segundo que duró una vida, pensé en mi madre llorando sin consuelo; vi a Lucia con la mirada ausente y sin poder encontrarle explicación a lo ocurrido; vi a mi sobrina de cuatro meses que solo sabrá de mi existencia por fotos, y las historias que de mi le hagan sus padres. En ese segundo que duró una vida, sentí la triste impotencia de saber que mi vida en este mundo había terminado, y de no haber tenido tiempo de despedirme de mis seres queridos. Tiempo para darles un último apretado abrazo y decirles que a donde fuera, los iba a querer por siempre.
Una claridad blanquecina y brillante como espuma de mar lastimaba mis ojos, y me impedía ver. Mi cabeza se sacudió violentamente, y la blanca cortina visual se resquebrajó en el aire como cristales rotos. Por un momento mis ojos retomaron en parte su función, y me entregaron una imagen nublada y perezosa de mi nueva realidad. Mi mundo estaba de lado, y unas baldosas viejas, sucias y frías, se presentaban en primer plano frente a mis ojos. Vi pies de gente corriendo; vi luces casi apagadas; vi un perro que se acercó a olfatearme. Sabía que iba a morir y esa idea me tenía aterrado. Tenía ganas de llorar pero no podía. Mis funciones me habían abandonado por completo. Solo los cada vez más tenues resplandores que como flechas envenenadas entraban por mis ojos secos, me daban la insípida certeza de estar aún vivo. El silencio me abrazaba por completo, y la dolorosa sensación de estar cada vez más distante de todo y de todos, me apretaba con saña la garganta.
No había dolor. Estaba cansado. La poca conciencia que me quedaba en el cuerpo, luchaba con sus últimas fuerzas por no ceder ante el sueño aplastante. Las corridas y los gritos desesperados de las personas que estaban en el lugar, se hacían cada vez más chiquitos; lejanos; inaudibles. Mi corazón había dejado de latir en el mismo momento en que aquella bala asesina y errante lo había atravesado; hacía ya dos minutos, dos años... dos vidas. Daba lo mismo. Un poco después lo habían hecho mis pulmones. Y ahora mi cabeza. Mi conciencia. Mi voluntad. Mis ganas.
Mis parpados plomizos se cerraron al fin. Dejé escapar una última lágrima, y me dormí para siempre.
Como dicen por ahí que el mundo es de los audaces, voy a realizar a continuación una audaz acción, que tiene dos consecuencias no simultáneas posibles: A) Me pasará sin escalas a la categoría de profeta, haciéndome ganar con ello el respeto de propios y ajenos. B) Me hará (también sin escalas) saborear el amargo gusto del ridículo, la vergüenza, la desazón y la tristeza.
Hecho entonces este pequeño prólogo, presento aquí mi FIXTURE COMPLETO DEL MUNDIAL.
Para ver en detalle la imágen, haz click en la misma.
Como podrán apreciar, la fe depositada en la selección de mi país es gigante y no acepta otra posibilidad que llevarla directamente a la gloria. Que así sea.
Demás esta decir que al igual que siempre, será bienvenido cualquier comentario, sugerencia, opinión y hasta cargada sobre el tema, siempre y cuando los mismos se realicen dentro del clima de respeto y cordialidad que caracteriza a este espacio.