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sábado, 12 de junio de 2010

CRÓNICA DE MI MUERTE

Por Hernán Barrios


No sentí dolor cuando la bala se metió en mi cuerpo. Solo tristeza. Tristeza por las personas queridas que dejaba de golpe sin siquiera despedirme, y una mansa resignación hija de la aguda certeza de tener que partir.


Al principio me sentí confundido y aturdido al mismo tiempo. El finísimo pinchazo que se clavó bajo mi brazo izquierdo junto con aquella detonación, me dejó sin aliento. Liviano. Sin peso. Mis ojos alcanzaron a mirar el chorro de sangre, oscuro y tibio que escapaba desesperadamente de mi costado, y luego dejaron deliberadamente de ver. Sabía que mi cuerpo estaba cayendo hacia adelante, pero no sentía el vértigo del movimiento. Tampoco el temor de saber que golpearía mi cara contra la calle. Solo flotaba.


En ese segundo que duró una vida, pensé en mi madre llorando sin consuelo; vi a Lucia con la mirada ausente y sin poder encontrarle explicación a lo ocurrido; vi a mi sobrina de cuatro meses que solo sabrá de mi existencia por fotos, y las historias que de mi le hagan sus padres. En ese segundo que duró una vida, sentí la triste impotencia de saber que mi vida en este mundo había terminado, y de no haber tenido tiempo de despedirme de mis seres queridos. Tiempo para darles un último apretado abrazo y decirles que a donde fuera, los iba a querer por siempre.


Una claridad blanquecina y brillante como espuma de mar lastimaba mis ojos, y me impedía ver. Mi cabeza se sacudió violentamente, y la blanca cortina visual se resquebrajó en el aire como cristales rotos. Por un momento mis ojos retomaron en parte su función, y me entregaron una imagen nublada y perezosa de mi nueva realidad. Mi mundo estaba de lado, y unas baldosas viejas, sucias y frías, se presentaban en primer plano frente a mis ojos. Vi pies de gente corriendo; vi luces casi apagadas; vi un perro que se acercó a olfatearme. Sabía que iba a morir y esa idea me tenía aterrado. Tenía ganas de llorar pero no podía. Mis funciones me habían abandonado por completo. Solo los cada vez más tenues resplandores que como flechas envenenadas entraban por mis ojos secos, me daban la insípida certeza de estar aún vivo. El silencio me abrazaba por completo, y la dolorosa sensación de estar cada vez más distante de todo y de todos, me apretaba con saña la garganta.


No había dolor. Estaba cansado. La poca conciencia que me quedaba en el cuerpo, luchaba con sus últimas fuerzas por no ceder ante el sueño aplastante. Las corridas y los gritos desesperados de las personas que estaban en el lugar, se hacían cada vez más chiquitos; lejanos; inaudibles. Mi corazón había dejado de latir en el mismo momento en que aquella bala asesina y errante lo había atravesado; hacía ya dos minutos, dos años... dos vidas. Daba lo mismo. Un poco después lo habían hecho mis pulmones. Y ahora mi cabeza. Mi conciencia. Mi voluntad. Mis ganas.


Mis parpados plomizos se cerraron al fin. Dejé escapar una última lágrima, y me dormí para siempre.



6 comentarios:

  1. Es lo más perfecto que he leído últimamente. Justo hoy en la madrugada, a raíz -como siempre de alguna mala digestión- con las pizzas, antes de acostarme.

    La pesadilla se generó con eso y con una escena de mi hijo que sufre trastorno bipolar, pero está tratado. En la mesa, con gran irritabilidad en ese momento protestando porque decía que las muzzarellas de la promo no le alcanzaban, quedó su mirada fija reprochándome y diciendo que estaba al borde de la agresión.

    La pesadilla: soñé que me clavaba un cuchillo de hoja ancha en la garganta. Y bueno... es una pesadilla, que querés!

    No sentí dolor, sentí lo mismo que vos relatas, pero por una bala. El primer párrafo tal cual.

    Cuando me desperté me di cuenta que mi estómago estaba apretado por mi brazo, y me di cuenta de la causa.

    Mis mejores pesadillas son a causa de malas digestiones previo al sueño nocturno.

    Lo increible es que ese mal sueño y este relato me encontraron en el mismo día.

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  2. Hola "anónimo".

    Primero que todo, gracias por tus palabras. Realmente esa primer oración que me regalás le queda muy grande a mi pequeño cuentito.

    Segundo, me gustaría saber tu nombre. No es que sea obligación saberlo, pero me cuesta un poco poner imagenes a tu relato, sin siquiera saber si sos hombre o mujer.

    Tercero, dejame decirte que si bien esta historia no surge de un sueño, tenemos algo en común. Hace un tiempo no muy largo, que por alguna razón me despierto en mitad de la noche con el brazo debajo de mi torax, totalmente dormido y sin sensibilidad. Antes nunca me había sucedido.

    Por último, quiero destacar una frase que me encantó: "MIS MEJORES PESADILLAS SON CAUSA DE MALAS DIGESTIONES". Quizás a vos no, pero a mi me parece una frase excelente. Algo retocada podría quedar así: "MIS MEJORES PESADILLAS SON HIJAS DE MIS PEORES DIGESTIONES".

    Bueno, vuelvo a darte las gracias por tomarte la molestia de pasar por este espacio. Espero que lo sigas haciendo.

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  3. Hola , bueno quiero decirte que tu ralato logró transportarme a ese momento !!! mientras lo leia veia la gente correr , imaginé, esas baldosas sucia , esas que son como unos cuadraditos grises como las veredas de montevideo !! vi el perro se me represento callejero de color dorado con manchas negras . y sentí la muerte !! , me encanto !! , tal vez tenga mucha imaginacion? saludos Jorge Marra

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  4. Gracias Jorge por tus palabras. Creo que la intención de toda persona que escribe, es tratar de hacer sentir; de transmitir emociones por medio de imágenes literarias.

    Si así lo hizo este pequeño relato; si fue capaz de hacerte ver más allá de lo expresamente escrito; si pudiste sentir al menos en parte la angustia de esa persona que moría; entonces la tarea está cumplida.

    Gracias nuevamente por pasar por aquí, y ojalá lo sigas haciendo.

    Abrazo.

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  5. Yo me morí de un tiro hace tiempo y no fue así. Sos una mentirosa.

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  6. Contame como fue, dale. No todos nos morimos de la misma manera.

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.