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sábado, 22 de diciembre de 2012

LA VIEJA ATORRANTA

Por Hernán Barrios


Otro año llega a su fin. Pero no uno cualquiera, sino el 2012, el que supuestamente y para nosotros los terrícolas iba a ser el último. Recuerdo que escribí sobre esto hace ya casi un año en el artículo titulado A VIVIR QUE SE TERMINA EL MUNDO. Pero el tema es que, a pesar de que las cosas están bastante jodidas en el planeta, todavía estamos acá, vivitos y coleando. Por ende y ante la evidente imposibilidad de zafar del compromiso, ha llegado el momento de volver a escribir un nuevo saludo de bienvenida al año que comienza.

Pero en esta oportunidad y por primera vez, he decidido copiar un cuento de otra persona. ¿Por qué lo hago? Porque la historia que voy a compartir transmite, exactamente, los sentimientos que me acompañan este fin de año y que quiero evocar, y porque yo no podría, por más que lo intentara, hacerlo mejor.

Lo que voy a transcribir es el capítulo final del último libro del licenciado Gabriel Rolón, titulado Encuentros (El lado B del amor). Este libro llegó a mis manos vaya uno a saber si por obra y arte de la casualidad o del destino –que son las dos opciones posibles-, y tuvo la enorme virtud de hacerme reflexionar sobre temas tan cotidianos y complejos como lo son el amor, las relaciones humanas, la fidelidad y su antónimo, el deseo, la pasión, la niñez, la adultez, etc. Todo abordado desde el punto de vista de la psicología pero explicado en un lenguaje claro y coloquial, e ilustrado con ejemplos reales nacidos en el diván del autor.

sábado, 15 de diciembre de 2012

LA LÁGRIMA

Por Hernán Barrios


El agudo silbido que entró por mi costado trajo consigo la certeza del fin. No sentí dolor, solo un ardor caliente que me incendió el pecho y reventó el alma. Mi tiempo se detuvo siglos antes de que el sonido de aquella lejana detonación entrara, sigiloso y transparente, en mis oídos. Luego, solo silencio.

Era temporada de caza y las estancias de la zona estaban atestadas de gringos armados en busca de liebres, mulitas o perdices. Yo lo sabía y debí tomar las precauciones del caso. Un descuido simple y fatal.

Creo que antes de tocar el piso llegué a susurrar un triste –“puta carajo…” que más que una puteada fue una súplica. Un intento reflejo de estrujar la certeza de la realidad y torcer la trayectoria de aquella bala asesina. Miré al cielo y el blanco hirviente del sol del mediodía me cegó por completo.

No hay tiempo para lamentos cuando un pedazo de plomo te raja el corazón al medio. Solo una lágrima, triste y resignada, deja en la tierra el húmedo registro de una vida que se apaga.

                                                                   

miércoles, 3 de octubre de 2012

CAMBIOS

Por Hernán Barrios


La vida se esfuma en un segundo que intenta ser eterno. Los días se nos caen de los bolsillos y los pisamos, como pisamos hojas secas en invierno. Solo una foto vieja y desteñida nos avisa cada tanto que hubo un tiempo que se ha ido, que ya no viste de estreno nuestro humano vestido, y que hemos cambiado más, bastante más de lo creído. Lo único constante es el cambio; cambian las modas, cambian los sueños, cambian las palabras y también las ganas; cambian las pasiones que cambian de dueño, las noches perdidas nos fruncen el ceño, y hasta nuestros ojos cambian su mirada. Pero entre tanto cambio, hay algo que no cambia: nuestra esencia. Esa llama, ese fuego interior que una vez se encendió para alguna vez apagarse, es inmune al virus corrosivo del paso del tiempo. Lo encendió el amor una noche lejana juntando dos cuerpos, y se esfuma solo, al alzar el vuelo con el último aliento.




sábado, 14 de julio de 2012

DIGNIDAD

Por Hernán Barrios


         Abrí los ojos sobresaltado. Casi no podía respirar y tampoco moverme. Sentía que algo poderoso me agarraba de los brazos y me oprimía el pecho con fuerza. Intenté liberarme pero fue en vano.

Estaba oscuro, y aquel aliento caliente y ácido se me metía por las narinas como un fuego. Una maraña de brazos sudorosos y enormes manos como tenazas, me tapaban la boca y estrujaban las costillas contra el suelo. Quise pelear y no conseguí moverme. Quise gritar y mi grito no pasó de un sórdido gemido que me retumbó en el pecho como una bomba. Mis ropas me abandonaron bastante antes que mis fuerzas, por lo que aún golpeado y desnudo seguí tratando de escapar. Luego, mi desesperación y furia cercenadas cedieron lastimosamente terreno a la impotencia y a la tristeza, para decantar por último en resignación.

Una lágrima que encerraba toda la amargura del mundo corrió sin prisa por mi mejilla, y fue vorazmente absorbida por el piso polvoriento de aquella celda. Las paredes húmedas y grises de la cárcel fueron testigos silentes del robo de la última cosa que conservaba para mí, y que aún condenado, me hacía sentir parte del mundo: la dignidad.

Fue en abril. Tenía 32 años recién cumplidos, y esa fue mi primera noche en el penal de Santiago Vázquez.


miércoles, 30 de mayo de 2012

CORREO URGENTE A MI CORAZÓN

Por Hernán Barrios

La pulseada entre la razón y la emoción es una partida que en mi caso, siempre ha estado inclinada hacia el lado de la primera. Y lo digo con vergüenza, porque me gustaría que no fuera así. Me encantaría poder dejarme llevar por las emociones y que todo lo demás me importara un comino. ¡Cómo me gustaría! Y no lo es por varios motivos, pero principalmente por culpa de un enemigo íntimo que me acompaña desde mi más tierna infancia, "el miedo”.

Hay circunstancias especiales en que esta lucha se hace más visible, más tangible, más carnal, y estos miedos se manifiestan en forma de poema.






Escribe mi mano este correo urgente
que de puño y letra dicta mi emoción;
buscando respuestas fuera de mi mente,
al mar de preguntas de mi corazón.

Ayer fue la dicha de unirte a mi vuelo,
hoy la triste calma de la soledad.
En el medio trozos de tierra y de cielo;
¿dónde se ha escondido la felicidad?

Sin querer perderte no quiero encontrarte.
Por querer quererte ya no sé quién soy.
Me guiñó la vida un ojo al buscarte;
me gruñó la muerte y no sé a donde voy.

Decime corazón no tengas miedo, ¿existe realmente el amor de verdad?
No agrandes la ilusión no más del suelo, va a estrellarse al fin mi felicidad.
Me basta una certeza aunque no sea cierta; me sobra un mal motivo para continuar.
Mandame una ilusión que golpee a mi puerta, te prometo hermano que la dejo entrar.

Reclamo certezas de donde agarrarme,
o acaso una pista para investigar.
El amor eterno, ¿existe realmente?
¿O trae siempre fecha de caducidad?

¿Dónde están los sueños, dónde están las ganas,
o esas noches locas casi sin dormir?
Y esa fantasía de atarte a mi cama,
¿cómo es que se ha ido antes de venir?

Un amor pensado no es amor, me dicen;
en los sentimientos no entra la razón.
De este amor gastado quedan cicatrices,
que rajan las venas de mi corazón.

Contame por favor no des más vueltas, ya no tengo tiempo para tropezar.
Tirame dos verdades no importa que mientas; necesito luz para caminar.
A vos te estoy hablando corazón necio, sé bien que me escuchas dame una señal.
Negarme esta ayuda va a tener un precio; puedo ser verdugo de tu palpitar.


Hernán Barrios
Montevideo, 30 de mayo de 2012.


martes, 15 de mayo de 2012

OBJETIVO MUJER

Por Hernán Barrios

MANUAL BÁSICO DEL CONQUISTADOR EXITOSO
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INTRODUCCIÓN –(Mmm…quise decir PRÓLOGO)
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Conquistar una mujer no es para la mayoría de nosotros, tarea sencilla. La mujer –sobre todo la que nos gusta-, siempre parece estar llena de misteriosos vericuetos e intrincados pasadizos, que la hacen estar situada en un lugar al que se nos hace complicado acceder. Pero la buena noticia estimados colegas, es que todo esto es falso. Es mentira. Esa mujer en particular por la que tenemos un especial interés no tiene misterios, o al menos no más misterios que el resto de sus congéneres. Son solo ilusiones y espejismos hijos de nuestros miedos y sobrinos de nuestras propias falencias e inseguridades, nada más. Esa mujer especial será tan especial como interesados estemos en ella. A este fenómeno lo llamo EEE (efecto de especialidad por enamoramiento). Es un sistema perfecto de retroalimentación sentimental; cuando más interesados estamos más especial es ella, por lo tanto más lejos la vemos, y al final del proceso más enamorados estaremos. Y así sigue hasta que sucede una de dos cosas: o se aleja tanto que al final la perdemos de vista y poco a poco disminuye nuestro interés; o la conquistamos, la bajamos del pedestal, acortamos la distancia lo suficiente como para ver que tal magia no existía, y poco a poco … uy, ¡qué coincidencia!
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Bueno, pero en definitiva estimados amigos, lo importante de todo esto es darnos cuenta con la racionalidad propia de nuestro género, que todo aquello que nos hace temblar las piernas a la hora de avanzar en pos de un objetivo mujeril, no es más que un espejismo. La verdad de la milanesa es que frente a nosotros hay una mujer tan de carne y hueso como nosotros mismos, todo lo demás es cuento. Asumido esto estamos en condiciones de introducirnos de lleno en el maravilloso mundo de la conquista.
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Este manual está dedicado básicamente a adolescentes y jóvenes especímenes del sexo masculino, y tiene como único objetivo allanarles el camino al éxito. ¿Por qué tienen ellos que tropezar con las mismas piedras que tropezamos nosotros en nuestra juventud, si podemos hacer algo para quitarlas? O si no podemos quitarlas al menos ponerlos en aviso de su ubicación, y darles una idea de cómo esquivarlas. Os aseguro estimados pichones de hombres que de seguir al pie de la letra con empeño y dedicación todas y cada una de las reglas y consejos que en este manual se expresan, ninguna batalla será imposible de ganar. Y más importante aún, todas serán merecedoras de ser peleadas.
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Dicho esto, a por ellas.
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Ø REGLA DE ORO
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TODA MUJER ES PASCIBLE DE SER CONQUISTADA
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Sin importar la edad, el estrato social, el nivel cultural, el color de su piel, o incluso su estado civil, cualquier mujer puede, de una u otra manera, ser conquistada. Es más, toda mujer desea ser conquistada aún cuando muchas veces no lo admita, o incluso quizás hasta no lo sepa. Hay que desterrar de una vez y para siempre de nuestra creencia popular la idea de que el lindo conquista a la linda, el feo a la fea, y el rico a cualquiera de las dos. Quizás sea cierto que se ve bastante este modelo de pareja, pero es porque se da naturalmente y no porque haya existido deliberada conquista. Lo cierto es que si se lo propone, el feo puede perfectamente conquistar a la linda, el pobre a la rica y a la linda (incluso al mismo tiempo), y tanto el rico como el lindo se puede quedar con las manos vacías.
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Ø FACTOR SORPRESA
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El arma más potente y efectiva con que cuenta el hombre para conquistar a una dama, es el factor sorpresa. Sorprender a una mujer –de buena manera-, es tener la mitad de la batalla ganada. La efectividad de esta forma de abordaje se basa fundamentalmente en el sencillo hecho de que de esta manera encontramos a la dama con su sistema natural de defensa inactivo. Si trazamos un paralelismo con un ataque aéreo podríamos decir que se trata de romper las líneas enemigas volando por debajo del radar. La manera de sorprender no es lo más trascendente para esta primera entrega del manual, pero adelantaremos que puede ir desde una frase hasta un obsequio; desde una propuesta hasta una mirada, e incluso quizás hasta una simple sonrisa. El punto es colocar algo en el esquema vital de la dama, donde ella no esperaba encontrar nada. En lo posible, algo que a ella le guste, o al menos que llame su atención.
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Ø INTERESANTE Y/O SIMPÁTICO
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Una vez que se ha roto esa primera barrera, aún nos queda la segunda mitad de la batalla por transitar. Para esto las opciones de avanzar sin problemas por el restante 50% se reducen a dos: mostrarte simpático o interesante; o ambas claro está, pero esto último ya implica tener que estar atento a más factores, lo que podría llevarte a cometer algún error fatal que no tuviera solución, sobre todo cuando en realidad no eres ni interesante ni simpático.
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Aclaración.
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Simpático no quiere decir que empieces a contarle chistes y a hacer morisquetas para que se ría. Me refiero a tener buena onda, buena disposición a la sonrisa, y meter bocadillos chistosos solo cuando la ocasión lo amerite.
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Interesante hace referencia a no abrirte ante ella de primera como un libro de una sola página, dando lugar a que pueda leerte completo en pocos minutos. Trata siempre de ocultar más que mostrar y de ser vos el que pregunte; remitirte a contestar puntualmente lo que quiera saber y no extenderte demasiado en detalles, dejando siempre espacio para que ella suponga e imagine parte de la respuesta. En definitiva hacer todo lo que esté a tu alcance para activar en ella uno de los puntos flacos que comparte con ese lindo animalito que es el gato, la curiosidad.
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Ø VOZ FIRME, PALABRAS CLARAS, MIRADA SEGURA Y SONRISA AMISTOSA
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Estos cuatro factores son absolutamente determinantes a la hora de encarar a una chica que no conocemos en un lugar neutral, como por ejemplo un boliche.
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Sonrisa amistosa
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Nada de cara larga y seria. Tampoco carcajadas a boca de jarro. Siempre que te acerques a una dama para tratar de iniciar una conversación, lleva como estandarte y carta de presentación una sonrisa. Esto te mostrará ante ella más confiable y amistoso y no te verá como un potencial peligro.
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Mirada segura
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No importa si tienes ojos verdes, azules, marrones, negros o rosados. Lo importante es la mirada. Nunca le dirijas la palabra a una chica mirando a la lejanía por sobre su hombro, o lo que es peor, mirando para el costado. Tus ojos siempre tienen que estar en contacto con los de ella. Tu mirada no tiene que ser ni suplicante ni violatoria; una mirada directa y segura está bien. El tema de las miradas es uno de los más importantes en todo proceso conquistatorio, incluso la de ella, ya que es una de las maneras que tenemos los hombres de ir testeando el grado de efectividad que está surtiendo nuestro proceso de conquista. Pero éste será tema de otro capítulo.
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Palabras claras y voz firme
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Nada de tartamudeos y susurros. Tienes que dirigirte a ella en un tono seguro, con palabras claras y bien articuladas. Esto hará que te oiga como un tipo confiado, bien plantado y seguro de si mismo, lo que sin duda es un punto por demás importante a tu favor, y que además está muy bien valorado entre la comunidad femenina.
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Ø CCC -(CONTACTO CORPORAL CASUAL)
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Una vez que los pasos previos han sido cumplidos, se supone que ya estás en la etapa en la que la chica está más relajada y hablando contigo en forma fluida, casi como si te conociera desde hace tiempo. Bueno, éste es el momento en el que se puede comenzar a ensayar –estando muy atento a los signos que del otro lado vaya dando la dama-, el CCC o contacto corporal casual. Esto no es otra cosa que agregar a la comunicación verbal y a la gestual que ya estamos aplicando, la comunicación táctil. Se trata de ir acompañando el discurso con breves, sutiles y esporádicos contactos corporales, que inyectarán una pequeña dosis de sexualidad a la recién iniciada relación. Los clásicos en este punto son: hablar sobre sus manos o de sus anillos con el fin de entrar en contacto con una de sus ellas; lo mismo con sus caravanas y sus orejas, etc.
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Atención.
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No todas las mujeres responden de la misma manera al CCC, por lo que hay que estar especialmente atentos a sus reacciones. En caso de que notemos el más mínimo síntoma de incomodidad de su parte, se recomienda suspender –o al menos posponer- dicha actividad.
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Ø SER CABALLERO
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Aunque muchas mujeres –sobre todo las más jóvenes- lo nieguen, por un tema de falso feminismo, la caballerosidad del hombre siempre gusta a la mujer. En contra de lo que se cree y no importando su edad, desde los 15 a los 120 años, la mujer siempre se sentirá atraída por la caballerosidad y la galantería medida. Esto se debe a que ésta actitud del hombre toca directamente puntos que nos remontan sin saberlo, a los estratos más instintivos de nuestra condición humana, pero sobre todo marca diferencias primitivas de género. En palabras homosapientísticas sería más o menos así: hombre macho protector de la hembra y su descendencia, y hembra que se siente a salvo y protegida por el macho.
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Nota
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Sé que esto va a disparar críticas y emociones encontradas en las queridas lectoras de EL SERRUCHO, pero bueno, lo digo porque creo firmemente que es así.
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En los tiempos que corren, la galantería hace referencia a pequeños detalles que hagan que ella te perciba como un tipo correcto y por qué no, que te diferencie de la mayoría de los hombres que haya conocido. En un boliche basta con invitarla un trago o tomarla de la mano para cruzar la pista (ya de paso avanzamos en el CCC). Fuera de él, factores importantes pueden ser abrirle la puerta del coche, prestarle tu abrigo si tiene frío (aunque vos estés al límite de la hipotermia), o abrir la puerta y permitir que ingrese primero a la habitación del hotel, aunque aquí ya me adelanté mucho en la película.
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Amigos, como sé que las lecturas en el monitor se hacen bastante más áridas que en el papel, voy a terminar por acá este primer artículo sobre cómo conquistar a una dama. Han quedado sentados algunos lineamientos generales de cómo tiene que plantarse el hombre frente a la mujer en un primer encuentro casual. En una próxima publicación seguiremos desmenuzando poco a poco este maravilloso y atrapante mundo de la conquista.
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viernes, 11 de mayo de 2012

YO TUVE UN PERRO QUE...

Por Hernán Barrios


Yo tuve un perro que no fue perro, sino ilusión. Hijo de las ganas y nieto del deseo, llegó a mi vida cuando el mundo era una inmensa fantasía y mi padre era poderoso y eterno. Palpitamos juntos sobre una cama angosta y enclenque las mágicas hazañas del día siguiente, y también juntos temblamos esas noches de tormenta que el zinc, cobarde y traicionero, nos tiró encima. Flotamos sobre el bao de la siesta, cuando las chicharras del verano aturdían invisibles y los toritos unicornios se enfrentaban a muerte, sobre el balasto del patio. Fuimos valientes cazadores esas nochecitas de verano en que el terreno lindero era invadido por diminutas y esquivas naves espaciales, que en intermitente vuelo pretendían destruirnos. Fuimos todo y fuimos nada.

Mi perro fue tan real como un deseo y tan mágico como un sueño. Y un día, junto con mi niñez, se marchó en silencio. Yo tuve un perro que no fue perro, sino ilusión.

viernes, 4 de mayo de 2012

PABLO

Por Hernán Barrios


Los hay por miles, pero el que más me gusta es el testimonio de mi bisabuelo Pablo, quién llegó de Europa a los treinta y tuvo diecinueve hijos por estos pagos. “Mi cuerpo se subió al barco pero mi alma se quedó en puerto, saludando”, solía decir haciendo referencia al momento de su partida de Italia, sesenta años antes. La frágil sonrisa que casi por costumbre acompañaba esta frase, inexorablemente se ahogaba en la triste humedad que inundaba siempre sus cansados ojos. Nunca pudo volver. Dicen que las últimas palabras que susurró a la abuela en su lecho de muerte, cuando noventa y tres inviernos ya le habían desgastado el cuerpo, fueron “no estés triste viejita, voy a estar bien; hoy parto a encontrarme con mi alma”. Y esa tarde se marchó, para siempre. 

sábado, 21 de abril de 2012

MARIA VERONICA.

Por Hernán Barrios


"Hola... mi nombre es María Verónica y estoy en segundo grado. Soy rubia, bajita y tengo los ojos celestes como mi papá. Mi pelo es bien lacio igual al de mami, pero ahora estoy toda despeinada porque hubo mucho viento. Por suerte ahora ya no hay. En mi casa somos un montón. Mi papá, que se llama Carlos. Mi mamá Beatriz, ella es peluquera. Después está mi hermano Víctor que ya es grande porque ayer cumplió catorce. Me parece que tiene novia porque el otro día lo vi conversando en la placita con una chica de su clase. Mi abuela Elvira ahora también vive con nosotros porque está un poquito enferma y no tiene quien la cuide. Ella tenía un esposo que era mi abuelo, pero yo no lo conocí porque se fue para el cielo, antes de que yo naciera. Dice mi papi que tenía pocitos en los cachetes como yo. ¡Ah si, yo vi una foto revieja y tenía pocitos, ahora me acuerdo! Ah... y también está Toby, mi perrito. Es rengo porque cuando era chiquito lo pisó un auto, pero yo lo quiero igual. Mi mamá dice que eso le pasó por no mirar para los dos lados para cruzar la calle. ¿Verdad mami que vos decís eso? Y mi papá también me lo dice. Yo quiero mucho a toda mi familia. En la escuela me porto bien y tengo buenas notas. Ayer me saqué un muy bien en Ciencias. Mi hermano va al liceo y me acompaña a la escuela porque queda para el mismo lado. El me cuida mucho. Yo lo quiero un montón. Pero ahora no sé donde está. ¡Ah... ahí está, con mami y papi! ¡Jaa, me parece que lo retaron porque está llorando! Y qué mas... ah, en la escuela tengo muchos compañeritos. Mi maestra se llama Laura y es muy buena. Hoy faltó y no tuvimos clase. No se qué le habrá pasado. Enferma no creo que esté porque el día está muy lindo. Hay un sol grandote. No hace frío ni calor. Y ya no hay nada de viento. Estoy muy contenta. ¡Mirá, mirá... ahí vienen mamá, papá y la abuela! Ah... y mi hermano también. Pero, qué elegantes que están. ¿Habrá alguna fiesta y no me dijeron nada? ¡Papi..., mami...! ¿A dónde van? ¡Víctor...! ¿Por qué te pusiste ese traje? ¿Vas a salir con tu novia? ¡Tiene novia… tiene novia...! Pero... ¿por qué tienen lágrimas? ¿Están llorando? ¿Y qué es esa caja tan grandota? Pero no llores mami, si a mí ya no me duele lo del ómnibus. El día está tan lindo. Hola abuelito... ¿cómo estás? ¿Me llevas a pasear con vos?”


La vida de María Verónica se extinguió a los seis años por causa de un accidente automovilístico cuando iba camino a la escuela.


jueves, 5 de abril de 2012

FUNCIONARIOS PÚBLICOS

Por Hernán Barrios






VERDADES Y MENTIRAS DETRÁS DEL MITO


Antes de entrar en la administración pública y seguramente arrastrado por la creencia popular, pensaba, como casi todo el mundo, que la mayor parte de los funcionarios Estatales pasaba su larga existencia laboral, tratando a toda costa de hacer lo menos posible. Luego, una vez que estuve dentro, lo confirmé. 


Y ya que estoy en plan de “cortar grueso” voy a ir un poco más allá y a disparar, sin miedo a equivocarme, la siguiente sentencia: “si en todas las dependencias del Estado se da la misma relación trabajo efectivo/hombre que en la mía, el aparato público podría funcionar perfectamente, mejorando esa relación, con la mitad de su plantilla actual de trabajadores”.

¿Pero por qué sucede esto? ¿Cuáles son las causas de que la mayoría de los empleados públicos caigan en esta suerte de actitud parasitaria, de la cual no parecen emerger grandes beneficiarios, sino más bien todo lo contrario? ¿En qué parte del proceso está el detonante, –si es que lo hay- de que alguien que desde fuera despotrica a más no poder contra la ineficiencia de los empleados públicos, luego, estando dentro, se convierta de la noche a la mañana exactamente en eso que criticaba?


Hace algunos años, cuando comencé a estudiar publicidad y tenía un empleo privado, un profesor contó que de joven había trabajado un par de años en un Organismo Público (no recuerdo en cual), pero que un buen día decidió renunciar porque no soportaba más, el ver que la mayoría de sus compañeros no quería nada con el trabajo, y que como consecuencia de esto las tareas de los pocos que sí trabajaban, se veían sustancialmente incrementadas. Eso, además de que éstos últimos eran maltratados por los primeros, por dejarlos en evidencia. Recuerdo que en ese momento me pareció una exageración de su parte, el hecho de que este señor hubiera renunciado a un empleo seguro, por semejante simpleza. Tuvieron que pasar unos cuántos años y algunas experiencias laborales, para llegar al punto de poder entender lo que aquel profesor intentó transmitirnos.


EL SER HUMANO

A mi ver, este tema de la función pública tiene varias puntas, pero creo que en el fondo de la cuestión hay un núcleo común que es inherente al ser humano, potenciado además por un antiquísimo arraigo cultural, que no va a poder ser cambiado en el corto plazo, por más esfuerzo administrativo que se haga. Este núcleo es el hecho de que las personas –en líneas generales-, tenemos tendencia a sacar ventaja, empujar límites y evitar reglas. Se ve claramente en los niños pequeños, cuando tratan a toda costa de empujar más y más, los límites que sus padres les marcan. Las Instituciones nos van enseñando metódicamente a lo largo de nuestro desarrollo, a acatar reglas, a fin ser miembros activos y útiles de la sociedad, pero claro está que no lo consiguen del todo. Siempre queda dentro de nosotros, reprimida y a la espera de la menor oportunidad, esa chispa que nos hará en determinadas situaciones, intentar sacar alguna ventaja personal. Esa chispa encuentra dentro de las Instituciones del Estado, por motivos que inmediatamente analizaremos, campo fértil para chisporrotear a su antojo, y muchas veces, hasta para armar una gran fogata.

De esa plataforma partimos todos, y sobre ella se basan todas las actividades que realizamos en la vida. Luego están las diferencias individuales, que nos hacen sacar más o menos rédito a nuestro favor (y en contra de otros por supuesto), seguir más o menos los lineamientos que se nos marcan, cumplir de mejor o peor manera las tareas que se nos asignan, etc. Los matices en este sentido son tantos como la cantidad de personas, pero mi experiencia personal laboral no hace otra cosa que indicarme, lamentablemente, que son bastantes más las personas que van a intentar hacer su tarea de una forma fácil y rápida (sin mencionar a un porcentaje importante que directamente intentará no hacerla), que los que procurarán realizarla de la mejor manera posible.


LA FUNCIÓN PÚBLICA

Debido a lo dicho anteriormente, parece ser que las personas necesitamos, a fin de cumplir de forma relativamente adecuada con los preceptos que se nos marcan, que dichos preceptos se nos recuerden con cierta frecuencia, y preferentemente bajo forma de amenaza. Con ese fin (entre otros), es que existen en todas las instituciones, las diferentes jerarquías. Los jefes están, además de para decirnos lo que tenemos que hacer y de qué manera hacerlo, para intrínsecamente recordarnos que de no cumplir con nuestra tarea, recibiremos una sanción. Podemos darle muchas vueltas al asunto jerárquico, pero básicamente el resumen es ese.

Bueno, una de las mayores falencias que tiene la Administración Pública, es que los jefes no cumplen su función. Y no la cumplen porque por encima de ellos hay otros jefes que tampoco la cumplen. Y así sucesivamente, hasta llegar a la inequívoca conclusión de que por encima de todos, no hay jefe. Es decir que, a diferencia de lo que sucede en una empresa privada, la cual tiene un dueño que vela por sus intereses comerciales y económicos, y que en última instancia va a tomar las decisiones que sean necesarias para optimizar sus recursos, en la Administración Pública esta figura no existe. Nadie es dueño de UTE, de OSE o de la Universidad de la República. Son organismos que si bien tienen autoridades que forman órganos, que a su vez deciden sobre el funcionamiento de dichas entidades, nadie deja en definitiva de ser empleado. Y más importante aún, nadie deja de cobrar su sueldo a fin de mes, si la empresa no recauda lo suficiente, o si sus recursos están mal administrados. Esta sensación acéfala que campea por los pasillos de las Instituciones del Estado, es uno de los mayores problemas que las acechan, porque en el fondo, y a falta de una figura última que sea capaz de poner en riesgo nuestra estabilidad laboral, queda todo librado a la voluntad individual, que como vimos al principio del artículo, no es una de nuestras mayores virtudes.


LA MANZANA QUE PUDRE EL CAJÓN

Se da en todos los trabajos, pero en los públicos tiene un efecto mucho más devastador, porque la “manzana podrida” continúa en el cajón hasta que las fuerzas de la naturaleza la hacen desaparecer (entiéndase se jubila, o se muere). Generalmente nadie toma cartas en el asunto, ya que el hecho de intentar sacarla, implica una serie de larguísimos y complicados trámites administrativos, en los cuales casi nadie intenta siguiera involucrarse. El efecto contagio es inevitable.

Las “manzanas podridas” son funcionarios que generalmente están atornillados en su cargo público desde tiempos remotos, que van a su lugar de trabajo (cuando van), solo a esperar que sea la hora de volver a sus casas, y que no hacen absolutamente nada productivo en la función. Dicha improductividad los lleva a ser removidos de puestos u oficinas donde hay mucho trabajo y por ende se necesitan funcionarios proactivos, y delegados a lugares donde haya poco y nada para hacer. Con esto la administración logra, que por lo menos no entorpezcan el funcionamiento general de la Institución. ¡Pero qué paradoja no! Lo que en teoría debería ser un castigo por inútil, termina siendo un premio por vivo. Fácil es imaginar que el efecto de putrefacción que esta medida produce en el resto de los funcionarios, es de grandes dimensiones. ¿Quién va a querer esforzarse en la función, si el premio se lo dan al que menos hace? Cobrar lo mismo por hacer menos, es definitivamente, un buen negocio.

Por otro lado hay también un efecto de putrefacción parecido al anterior, que podría definirse bastante acertadamente, con esta frase: -como nadie hace nada, yo tampoco.

Me consta que hay muchas personas que entran a la Administración Pública con buena energía y ganas de trabajar. Gente joven que quizás viene de trabajos privados, y para los cuales el hecho de acceder a un trabajo público, con los beneficios que ello implica, es sin duda una mejora importante. Lo malo es que una vez dentro, comienzan inevitablemente a ganar importancia las injusticias y desigualdades entre funcionarios, y a perder terreno los beneficios, que en un principio podían parecer maravillosos. A la corta o a la larga, la mayoría de estas personas que en un principio tenían muchas ganas, comienzan a perder interés y a ser digeridas, lenta pero inexorablemente, por el gigantesco monstruo de la apatía. Por otro lado, los que se resisten y luchan contra el sistema, los que tratan de no perder las ganas primitivas y ponen todo de sí para hacer bien su trabajo, terminan sobrecargados, estresados y hasta muchas veces, enfermos. Una injusticia más de las tantas que se pueden ver, sin mucho esfuerzo, en la Administración Pública.

Otro problema importante que tiene para resolver el Estado, si quiere mejorar la eficiencia de sus Instituciones, es el tema de la gran cantidad de funcionarios de edad avanzada, con que cuenta entre sus filas. No me atrevo a dar cifras, pero me consta que el porcentaje es bastante abultado. Para ser sincero, no creo que el problema sea en realidad la edad más o menos avanzada del funcionario, ya que conozco algunos veteranos que trabajan incluso más que muchos jóvenes. Creo sí que la Administración se enfrenta a un número importantísimo de personas que ahora son veteranas, y que sólo ocupan su puesto de trabajo, con el único propósito de ver pasar, ansiosos, los pocos años que les restan para la jubilación, pero que en realidad nunca hicieron mucho más que eso en su función, aún siendo jóvenes.

Es entendible y absolutamente normal el hecho de que los años traigan consigo cansancio, decaimiento, y una decadencia en el rendimiento general, en todo sentido, de las personas. Pero hay actitudes que nada tienen que ver con los años, y sí mucho con la forma de ser. Hay una plataforma importante de funcionarios que entraron a la Administración Pública en el período pos-dictadura (otros durante), la mayoría bajo el modelo de “amiguismo político” –forma de ingreso de lo más normal en esos años-, que forman parte del modelo de Institución vetusta y cansina de antaño, y que no tienen interés alguno en ser miembros activos de una renovación del aparato Estatal. Si uno les pregunta, te lo dicen con total normalidad y sin tapujo alguno; ellos quieren que los dejen tranquilos hasta que les llegue el momento de retirarse. –Qué se encarguen los jóvenes de eso- disparan.

Como forma de combatir este fenómeno, las autoridades de turno parecen haber decidido dejarlos estar –Let it be, como dice el amigo Paul, el cual está próximo a visitarnos y del que anoche me acabo de enterar que no es el original CLIC AQUÍ (pero bueno, eso es arena de otro costal)- pero al mismo tiempo han abierto, mediante un sin fin de concursos, las puertas del Estado, a fin de, dicho en términos automovilísticos, renovar la flota. Está entrando mucha gente joven y bien preparada a la Administración Pública, y en teoría con ganas de hacer cosas. Pero lo que no parecen estar viendo las autoridades de turno, es que si no se inventa un mecanismo rápido y efectivo para subsanar las injusticias funcionariales que mencionamos anteriormente, vamos inexorablemente a caer en la misma rosca. Los nuevos funcionarios notan inmediatamente que ganan lo mismo o menos que los viejos que no hacen nada, y por decantación, en poco tiempo pierden su entusiasmo. La Administración se acaba de ganar así, un nuevo funcionario improductivo, que pasará seguramente toda su larga carrera administrativa, tratando de hacer lo menos posible.


SUELDO BAJOS, BENEFICIOS ALTOS

En líneas generales, se podría decir que los sueldos de la mayoría de los Organismos del Estado, si bien han aumentado considerablemente en los dos últimos períodos de gobierno, siguen siendo bajos, o por lo menos, insuficientes.

Pero a ver, acá considero pertinente hacer una aclaración importante. Los sueldos son bajos para la gente que realmente trabaja y cumple correctamente su función. No así para los otros. Para esos funcionarios parásitos de los que hemos estado hablando, los sueldos no solo son altos, sino injustificados. Se cae de su peso el hecho de que con el dinero que se “pierde” pagándole un sueldo a tanta gente por no hacer nada, bien podría beneficiarse a los que sí hacen. Pero bueno, todos sabemos que este tipo de medidas no son para nada sencillas dentro del aparato público.

Lo que sí hay en casi toda la Administración Pública, supongo como forma de paliar la precariedad de los salarios, son ciertos beneficios para nada desdeñables, que básicamente tienen que ver con licencias, días libres extraordinarios, facilidades para las personas que desean estudiar, muchos días feriados, una carga horaria no demasiado exigente, la posibilidad de un horario de trabajo elástico, etc. Cierto es que de poco sirven los beneficios de este tipo a la hora de pagar las cuentas, pero también cierto es, que ellos nos dan la posibilidad de realizar otro tipo de emprendimientos personales, al mismo tiempo que tenemos el cargo público. En la mayor parte de los trabajos privados los sueldos no son mucho mejores, y encima nos consumen todo nuestro tiempo y energía.


CRÍTICAS CIUDADANAS A LOS FUNCIONARIOS PÚBLICOS

Empecé este artículo diciendo justamente que fui y soy una de esas personas que critican a los funcionarios públicos, y a la Administración Pública en general. Lo hago, aún estando dentro del sistema a criticar. Pero hay un fenómeno social que no por consabido deja de provocarme cierta hilaridad y algo de rechazo.

No se necesita ser demasiado perspicaz para darse cuenta de que la percepción general de la ciudadanía con respecto a los funcionarios públicos es, por lo menos, de disconformidad. Que pasan de paro; que trabajan poco; que tienen muchos beneficios; que son inamovibles; que nosotros les pagamos el sueldo; entre otros, son algunas de las sentencias que emite el ciudadano común, cuando se refiere al funcionario público. Al menos yo no he tenido la oportunidad de dialogar con una persona que nos de para adelante. Pero aquí viene la contradicción. De esa enorme masa de población que critica, algunas personas tienen la posibilidad de ingresar a algún Organismo del Estado, y de hecho lo hacen. Lo que sucede a continuación en la inmensa mayoría de estas situaciones, es exactamente lo que traté de explicar al principio del artículo. Esas personas criticonas, luego de estar dentro, se convierten como por arte de magia, en seres de la misma calaña de los que hasta hace poco criticaban. ¿Entonces de qué se trata todo esto?

Todo el mundo critica al funcionario público, pero a su vez todo ese mismo mundo está deseoso de poder ser funcionario público, para mimetizarse con el entorno. No me queda entonces otra, que pensar que la envidia y la hipocresía son sentimientos que campean a sus anchas, en nuestra sociedad. ¿Será entonces que el aparato público no es otra cosa que un micro-mundo que representa y refleja a la sociedad en su conjunto? Si es así queridos compatriotas, nuestro país está jodido y lo va a estar por siempre, sin importar el color de la bandera de quien esté en el gobierno de turno.


INTERFERENCIA EXTRA

Hay un elemento que considero tiene mucho que ver, en el hecho de la falta de productividad del funcionario público. Un elemento que es relativamente nuevo en la sociedad, y que creo no está adecuadamente instrumentado, como para garantizar más beneficios que pérdidas a las Instituciones.  Este elemento es INTERNET.

Es innegable el hecho de que Internet es, hoy en día, una herramienta absolutamente imprescindible en cualquier oficina del Estado. Cada vez son menos las tareas que no necesitan una conexión a la Red para poder realizarse, y por ende la dependencia de las oficinas públicas (y privadas) a ella, ha aumentado en los últimos años de manera exponencial. Pero el problema no es Internet, sino el uso que de ella se hace. Y volvemos al principio.

El uso de Internet y de sus hijas más famosas, las Redes Sociales, por algún motivo ha quedado, en la mayoría de las oficinas públicas, librado al criterio de los funcionarios. Y adivinen qué sucede: se abusa. No sé cuál sería la distracción de los funcionarios públicos que nos precedieron, en épocas en que ni siquiera se soñaba con que este maravilloso instrumento existiera, pero lo cierto es que hoy, Facebook (por nombrar a la más importante), es la estrella de las oficinas públicas. Me consta que hay funcionarios que pasan varias horas de su jornada laboral, realizando expediciones  para nada furtivas a este mundo virtual; viendo fotos, videos, comentando, publicando cosas, etc.

Y ustedes queridos amigos se preguntarán, ¿y los controles dónde están? Pues no están. No voy a ponerme a repetir todo lo que argumenté al principio sobre este tema, ya que creo haber sido bastante explícito al respecto. Lo que sí quiero dejar bien en claro, es que desde mi modesto punto de vista, no sería mala cosa prohibir el uso de esa, y de redes sociales similares, en las oficinas públicas. Primero, porque nada tienen que ver con el trabajo, y segundo porque la dependencia psicológica que ellas generan en las personas, atenta directamente contra la eficiencia de los funcionarios. Lamentablemente, como expliqué al principio, las personas no somos capaces de auto-controlarnos, a fin de hacer un uso moderado de los beneficios y recursos que se nos otorgan, por lo que la única solución viable parece ser la quita de los mismos.


CONCLUSIÓN

Quise con este artículo, estimados lectores, hacer un análisis con cierto grado de profundidad sobre el tema de la Administración Pública, con especial hincapié en el factor humano, que es en definitiva el que lo compone. Soy conciente de que he sido bastante tajante y duro en muchas de las apreciaciones que he hecho, pero es que no encontré otra manera de hacerlas. Considero que hay temas de carácter social que nos competen a todos los ciudadanos, y en los que no se puede andar maquillado los conceptos a fin de que suenen menos dramáticos.

El aparato público Uruguayo es enorme y costoso, en relación a su población. El problema es que su efectividad no está de acuerdo con su tamaño, y ese desajuste lo pagamos de nuestro bolsillo, todos los contribuyentes. Tan simple como eso. Algo similar a lo que ocurre en las Fuerzas Armadas; es mucha gente para el poco trabajo que hay. Pero el tema es que esa gente, haya trabajo o no, cobra su sueldo todos los meses.

No es un problema sencillo de resolver ya que hay muchos y diferentes intereses involucrados en el tema. Los sindicatos defienden a capa y espada (a veces con razón y a veces sin ella), a todos los funcionarios. El sector privado, a pesar de haber tenido un crecimiento sostenido en estos últimos años, aún no está en condiciones de absorber al excedente público. La redistribución entre Organismos del Estado aún no está bien aceitada, y por ende conlleva una enorme cantidad de instancias administrativas, que en los hechos, la hacen prácticamente inviable. Y de fondo, la idiosincrasia uruguaya hace que las personas que acceden a un empleo público, no lo tomen con la responsabilidad que deberían.

Pienso que vamos a ir mejorando con el paso del tiempo, aunque también pienso que este tiempo no va a ser corto. La profesionalización de los funcionarios públicos debería, al igual que la educación, la economía, las relaciones internacionales, etc., incluirse en la agenda del Estado y hacer de ella un compromiso de carácter político, con todos los agentes que lo componen. No puede más quedar librado al gobierno de turno, porque sino estaremos dando pasos para adelante y para atrás, por siempre.

martes, 3 de abril de 2012

YO SUICIDA

Por Hernán Barrios



Hoy empecé a escribir un artículo sobre un hombre que había intentado suicidarse, y como me ganó el aburrimiento, terminé tratando de imaginar mi propia partida de este mundo por mano propia. *Antes de que suene la alarma familiar, y mi madre me llame al celular hecha una loca, aclaro que no está en mi horizonte temporal tomar una medida de este tipo. Se trata tan solo de un inocente ejercicio mental para descubrir, de acuerdo a mi personalidad, cual sería la forma más “sana” y menos traumática de terminar con mi vida.

Lo primero que me viene a la mente es en realidad lo que sé que no haría: tirarme desde un edificio. Debo reconocer muy a mi pesar, que en cuestiones de altura soy el ejemplo perfecto de mariconez globalizada a gran escala. Ya cuando sobrepaso los 32 cmts. sobre el nivel del mar, me empiezo a sentir identificado con la “sentáxis” de las canciones de Ricky Martin. *Esta forma comparativa es a título meramente ilustrativo; se solicita a la parcialidad no tomarla en forma literal. El tema en cuestión es que desde chico fui jodido para las alturas, pero la cosa ha ido empeorando con el paso de los años. En mi viva cotidiana trato disimuladamente de evitar cualquier situación que implique tener que despegarme del piso; lo hago haciéndome el distraído, mandando a otro, o directamente despareciendo de escena. Pero cuando no tengo forma de zafar, me veo obligado a recurrir al 100% de mi voluntaria racionalidad para que le gane la parada a mi vértigo, (cosa que por cierto, generalmente a duras penas consigue) y poder así llevar a cabo la tarea. En definitiva, lo último que se me ocurriría para matarme sería subirme a lo alto de un rascacielos, ya que seguramente perdería el conocimiento en la subida nomás.

Otro método que no me cae muy en gracia a la hora de pasar a mejor vida, es la inmersión. Realmente admiro a las personas esas que arrancan muy panchas desde la orilla a caminar mar adentro, y siguen nomás hasta que pasan al otro lado (entiéndase: mueren). ¡Eso sí que es voluntad, muchacho! ¡Hay que ser muy guapo para matarse despacito! Porque una cosa es juntar la fuerza suficiente para subir y tirarse desde un edificio, ya que una vez que estás en el aire no tenés chance de echarte atrás. Pero otra muy distinta es seguir chupando H2O hasta quedar panzón. El agua en sí no me asusta (tampoco crean que soy un eximio nadador, pero más o menos me revuelvo). Ahora eso de andar tragando más de la cuenta, me da como “impresión”. *Capaz que tendría que preguntarle también a Ricky. Este… perdón por el comentario. Bueno, descarto también el tema de matarme tomando agua.

La muerte por balazo en la cabeza directamente me da asco. Y no es asco propio, ya que seguramente no voy a ser yo el que vea mis tripas mentales desparramadas por todos lados, sino por los demás. ¿Qué necesidad tengo de someter a extraños (o pero aún a mi familia) a tener que presenciar semejante desagradable espectáculo? Eso por un lado, y por otro me da como miedo el hecho de no lograr el objetivo en el primer disparo, y encima no quedar conciente para efectuar el segundo. Es bastante común escuchar en los medios que una persona intentó suicidarse de un disparo en la boca, y que no solo no se mató, sino que quedó tarado, o físicamente discapacitado para toda la vida. Eso ya es el colmo de la saladura. Así que a menos que consiga dispararme con una bazuca o un cañón (cosa que seguramente será algo complicado), no voy a utilizar tampoco este medio para palmar.

Ahorcarme… no. Primero que nada está el tema del vértigo del cual hablé al principio. Sería un papelón subirme a algún lado para ahorcarme, y desmayarme antes de enrollarme la cuerda en el cogote. Y además es medio complicado el tema del nudo. Tendría que ponerme a buscar en Internet diferentes formas de hacer nudos, o sino pedirle a alguien que me enseñe. Esto último ya despertaría sospechas acerca de mis intenciones, así que lo descarto de plano. Y para aprender a hacer un nudo que sea realmente efectivo y me apriete el gañote fuerte y rápido hasta matarme, y no que tan solo me de un poco de tos, no me tengo mucha fe. Realmente nunca he sido demasiado bueno en lo que a cuestiones manuales se refiere.

Bueno, después tenemos dos formas de exterminio corporal que están socialmente ligadas al sexo femenino, las pastillas y la clásica cortada de venas. Que no se me enojen las chicas con este comentario pero, que forma de matarse más trucha. ¡No jodan ché! Todos sabemos que esa truchada no es para matarse sino para llamar la atención. Es una alerta diríamos. Así que de acuerdo a lo dicho, si alguna vez tomo la decisión de dejar este mundo cruel, no voy a optar por ninguna de estas dos formas, ya que en caso de que por casualidad me muera, voy a demorar una vida en hacerlo, y en caso de que quede vivo (que es lo más probable), me van a asociar definitivamente con el sexo femenino, y mi vida de ahí en más, será seguramente peor que antes. Por lo tanto, opción no válida.


AHORA SÍ, DESPUÉS DE TENER CLARO LO QUE NO HARÍA, ME VOY A ABOCAR A PENSAR ALGUNA ESTRATEGIA QUE SEA CONVENIENTE A MIS INTENCIONES.

Ya sé. Hasta nombre importante tiene: Muerte por intoxicación debido a la ingesta desmedida de alcohol y sustancias afines. Es fácil de implementar y encima te sentís de maravilla hasta que perdés el conocimiento; y después derechito al cielo (o a donde sea, pero derechito). Como forma de matarme es una garantía de calidad, si hasta tendría que estar certificada por el LATU. Y a la alegría que ya de por sí da agarrarse una buena y mortal curda, le puedo agregar un condimento extra que son algunas locas. Seguro botija, si ya tenés decidido mandar el mundo a la mierda, que sea a todo trapo. ¿Qué tu señora y/o novia no te lo va a perdonar jamás? Y qué importa si jamás se van a volver a ver (al menos por estos pagos terrenales); y si pasado el tiempo te la llegas a encontrar en otro sitio, seguro ya habrás tenido tiempo de inventar alguna excusa perfecta.
Otra buena es por indigestión con tortas fritas con dulce de leche y vino tinto caliente. Esa es fácil y hasta cierto punto (de la ingesta) satisfactoria. Compro 4 o 5 kilos de harina y demás ingredientes, 2 de dulce de leche, una damajuana de vino tinto lija, y me pongo a freír a toda llama. Y le entro a dar nomás: una torta, un vaso de vino. Es recomendable irlas comiendo a medida que las voy sacando del tacho, así están bien calentitas y con toda la grasa pegada; seguramente voy a necesitar una cantidad menor de tortas para estirar la pata. Ojo, todo va a depender de mi masa corporal, pero las estadísticas indican que no voy a necesitar más de 40 o 50 tortas. Una pavada.

Una que es rápida y segura, es mediante la explosión de bombitas brasileras en la bañera. Ta… reconozco que no es tan placentera como las otras, pero si la cantidad de pólvora es suficiente (digamos unas 5 o 6 mil bombitas) pasaré a mejor vida algo chamuscado, pero divertido. Estoy pensando además en darle un toque navideño a la inmolación, colgando algunos globos y armando un arbolito de navidad en el baño. Y como toque final, capaz que hasta descorcho un buen champagne antes de encender la mecha. Me gustó.

Pensando en las cosas que me dan placer, se me ocurrió una que tiene que ver con la música y que la podría titular como: muerte por aplastamiento pentagramal. No es muy práctica, algo costosa, y también algo complicada de implementar, pero yo creo que con un poco de ingenio y buena voluntad puede llegar a dar buenos resultados. Se trata simplemente de dejar caer un instrumento musical a elección desde algo así como un décimo piso (o superior), sobre mi cabeza. Quizás la mayoría estén pensando en un piano de cola, ya que todos sabemos de las condiciones aplastatorias que este noble instrumento tiene. Pero es algo difícil de conseguir y de colocar en el lugar apropiado a mis mortuorias intenciones. Por eso yo creo que como al instrumento que sea lo voy a dejar caer desde una altura por demás considerable, no va a ser necesario usar uno tan grande. A mi me parece que con un saxofón va a ser suficiente. Es un instrumento fácil de transportar y bastante pesadito como para que a alta velocidad, se me incruste en el marote como perico por su casa.

Y bueno, deben haber muchas más maneras de, llegado el caso, quitarme la vida sin tener que sufrir por ello. Meter la cabeza debajo del capot de un Ford Falcon modelo 78 y dejarlo caer. Eso es decapitación en fija. O ir hasta el puente de Fray Bentos en tanga y con una careta de Tabaré Vázquez, y meterme en plena manifestación llevando en alto una pancarta que diga “Arriba las papeleras”. Eso es muerte por ingesta de puños. ¡Ta buena! Y la dejo por acá.

Si alguno de ustedes quiere darme una mano mediante comentario con la elección de mi supuesto suicidio, bienvenida sea. Sino, tampoco me voy a morir por ello.


Les dejo un video de Les Luthiers relacionado con el tema: LOS SUICIDAS