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sábado, 25 de septiembre de 2010

PRESENCIA DE VIERNES

Por Hernán Barrios

Gráficos: CASIANIMAL
Era un día como cualquier otro. No pasaba de las 9 de la noche. Lucia había salido con sus amigas, y yo estaba en la PC tratando de escribir. Culpando de mi vacío creativo a mi también vacío estómago, recuerdo haber pedido algo a la pizzería. Hasta poco antes, había estado tomando mate, pero lo había dejado porque me estaba provocando nervios al estómago. Ese viernes, había estado particularmente nervioso. O alterado sería quizás, el término más adecuado.

Tenía dos de las luces del living encendidas, la de la lámpara sobre el escritorio y la del techo. Seguía sin poder escribir una palabra. Miré la hora, porque me pareció que mi comida estaba tardando más de la cuenta, pero no era así. Eran las nueve y veinte. Mi falta de concentración era extrema, y eso me estaba poniendo de mal humor. Mis ojos iban y volvían desde el cursor de la computadora, blanco, titilante, desesperante, hasta el portero eléctrico, mudo, impertérrito. Casi estaba empezando a creer que ambos se habían puesto de acuerdo para no complacerme. El apartamento estaba silencioso. Un silencio gigante que solo era desafiado apenas, por el perseverante zumbido del ventilador de refrigeración de la PC. Nada salía de mi cabeza, ni una idea, ni una palabra. Nada de nada.

Mis ojos volvieron por enésima vez a posarse, exigentes, amenazantes, sobre el monitor. De pronto, rompió la armonía lo que en ese momento me pareció un fugaz bajón de corriente. Fue apenas. Casi imperceptible. El cursor quedó fijo, inerte. Acerqué mis ojos a la pantalla para corroborar esa extraña inmovilidad, pensando que la máquina se había colgado, cuando de golpe, y en clara Arial Black, aquella palabra se disparó: “HOLA”. Recorrió mis ojos, cerebro, estómago, y golpeó mi corazón hasta casi hacerlo explotar; todo de una vez. Mis brazos y piernas quedaron rígidos como madera, cuando me pareció además percibir, en el límite de mi campo visual, a mi izquierda, una sombra intrusa. Casi una silueta. Pasó un segundo, dos, tres. No me animaba a mirar. Estaba tieso, frío, me costaba respirar. Sentía efectivamente una presencia a mi izquierda. A unos cinco metros, talvez cuatro, que me observaba. Pasaron cinco segundo, seis, siete… diez. Giré la cabeza.

Lo último que recuerdo son dos ojos negros, enormes, profundos, no humanos, a treinta centímetros de mi cara, y unos brazos flacos y largos que me rodeaban. Luego, nada.

Ya era casi mediodía cuando me despertó el ruido de tachos y el olor a comida, provenientes de la cocina. Al sentirme despierto, Lucía vino al dormitorio a darme un beso. “Buenas tardes dormilón”- dijo en tono burlón y con absoluta normalidad. “¡Se te pegaron las sábanas!”. Y abrió las cortinas de un tirón. Hice un esfuerzo extraordinario por tomar la mayor conciencia posible. Luego de un rápido examen visual de mi situación, comprobé que efectivamente estaba acostado en mi cama, tapado, sin ropa, como todas las noches. Era sábado.

Hoy hace una semana exacta que me ocurrió este episodio, y Lucía sigue afirmando que debe haber sido un sueño. La entiendo. ¿Qué más podría pensar? Yo por lo pronto, sigo confundido. ¿Por qué no tengo al menos un vago recuerdo, del momento en que me fui a acostar aquella noche? O de cuando apagué la computadora. O de cuando recibí al muchacho de la pizzería, y me comí casi toda la milanesa con fritas. Realmente, no lo sé. Tengo en mi cabeza un vacío temporal que me angustia e incomoda. Alivio estos sentimientos, tratando de convencerme de que hay cosas que pueden ser producto de mi imaginación, provocadas quizás por el cansancio, fruto del exceso de trabajo. O directamente locuras mías nomás. Pero hay otras que ni siquiera así son mitigadas. ¿Como se explica, que tanto el reloj de la computadora como el de mi teléfono celular, quedaron colgados marcando las 21:30?

Yo no sé qué me pasó esa noche amigos. Quizás alguno de ustedes me pueda dar alguna pista. Es por eso en realidad, que me atreví a compartir mi experiencia con ustedes.

martes, 21 de septiembre de 2010

NOMBRES DE LECHE

Por Hernán Barrios

Esta es una idea que vengo manejando desde hace algún tiempo, pero que recién hoy a la mañana, y en parte gracias al empujón anímico dado por un compañero de trabajo, me decidí a publicar. Es por esto que en un rato, luego de compartirla con ustedes, estimados lectores, la mando sin más vueltas al Parlamento Nacional. El tema tiene que ver con el nombre de las personas.


¿Cuántas veces hemos oído decir a la gente, que no está conforme con alguno de sus nombres? No les gusta el primero y usan el segundo; o no les gusta el segundo y usan solo el primero; o directamente no les gusta ninguno de los dos, y optan por usar, a desgano, el menos feo según su criterio. Ni hablar a aquel que no le gusta el nombre, y encima es el único que le pusieron. Un desastre.


No tengo demasiado claro la razón por la cual sucede esto, pero todo parece indicar que los padres, en una profunda crisis de estupidez, provocada por el inminente advenimiento de un hermoso Ser que será sangre de su sangre, pierden temporalmente el sano juicio, y con él la capacidad de discernir entre lo lindo y lo feo. Les pasa con los nombres, lo mismo que con las criaturas en sí, que les parece la más bella del mundo, a pesar de que en realidad sea un pequeño monstruito. Pero, todos sabemos que no por pequeño tiene necesariamente que ser lindo. Esa es una de las teorías, a la cual me aferro con fuerza. La otra, es que los nombres pasan muy rápidamente de moda. ¿Qué quiero decir con esto? Que en el momento en que los… la madre (vamos a decir las cosas como son), le elige el nombre al bebé, seguramente tenga éste –el nombre- toda la onda, pero cuando el niño empieza a tener conciencia cabal de su nombre y lo que en sus fibras más íntimas provoca, es bastante probable que dicho nombre ya haya quedado vetusto. Por ende, el bello nombre que los padres con tanto ahínco y dedicación buscaron para su hijito/a del alma, y el cual por falta de acuerdo casi provoca la ruptura de la pareja, al gurí en sí le resulta horrible. Una tragedia.


Por lo expresado anteriormente, el proyecto que en primera instancia voy a mandar a la Cámara Baja, tiene un nombre que, como buen padre que soy, me resulta genial: NOMBRES DE LECHE.


La idea es muy sencilla, económica, y por ende muy fácil de implementar. No les costará mucho deducir a los avezados lectores, que el nombre del proyecto es una analogía con los dientes de leche.


Por obvia incapacidad momentánea del interesado en cuestión, los padres seguirán como hasta ahora eligiendo el nombre de su descendencia, pero con la salvedad de que estos nombres serán, por decirlo de algún modo, no definitivos. Será un nombre que usará el individuo, hasta que tenga una capacidad de discernimiento tal, que le permita elegir el que realmente quiere tener. Mediante convención, esto podría fijarse digamos, a la edad de diez años. Llegado este momento, el nombre transitorio que los padres le pusieron en el momento de nacer, legalmente caerá, debiendo ser reemplazado mediante un gratuito y sencillo trámite, por el definitivo.


¡No me digan que no es una buena idea! ¿Saben los millones de pesos que podrán ser redirigidos desde los divanes de los psicólogos (ya que ni unos ni otros serán necesarios), hacia otros rubros más productivos tanto para el individuo como para el país? ¿Se imaginan la cantidad de suicidios y parricidios que serán evitados, gracias a la certeza de que a cierta edad el botija va a poder sacarse esa espina en forma de nombre propio, que sus padres le clavaron ya antes de nacer?


Eso sí, una vez que el nombre definitivo ha sido adjudicado, no te lo vas a poder cambiar ni con cárcel. Es una decisión por demás importante, que el chico o la chica tienen que afrontar con seriedad y responsabilidad. Quizás la primera gran responsabilidad de sus vidas, y ocurre justo cuando pasan de la escuela al liceo. Es muy oportuno, y empiezan en una nueva casa de estudios, con nuevos compañeros, nuevos profesores, y de yapa, nuevo nombre.


Yo creo firmemente que el proyecto va a tener andamiaje. Lo llamo al PEPE y luego les cuento.

jueves, 2 de septiembre de 2010

EL SIDA YA TIENE CURA

Por Hernán Barrios



Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis de que el VIH es la causa del SIDA es un error diabólico”.

(Palabras de kari Mullis, premio Nobel de química 1993, en el prólogo del libro “Inventando el virus del SIDA”, de Peter Duesberg).

¿Es posible que el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) no sea la causa del SIDA? ¿Es posible que la inmensa mayoría de los ministerios y servicios públicos de salud, facultades de medicina, centros médicos, organizaciones y publicaciones científicas, e incluso la Organización Mundial de la Salud, lleven 20 años aceptando y difundiendo una VERSIÓN OFICIAL que no está respaldada por ninguna evidencia científica? ¿Es posible que el VIH, el virus asesino que 70 millones de personas han creído tener en la sangre, ni siquiera exista? ¿Es posible que los que defienden la VERSIÓN DISIDENTE, entre los cuales hay al menos 2 Premios Nobel, hayan sido sistemáticamente censurados por casi la totalidad de los medios de comunicación del mundo? ¿Es posible que 26 millones de personas hayan muerto por una enfermedad falsa? ¿Es posible que el SIDA sea el negocio más perverso de las últimas décadas, o tal vez de la historia?

Prólogo extraído de la página WebIslam, en su artículo titulado “¿ES EL SIDA UNA GRAN MENTIRA?”, publicado el 12 de agosto de 2005.


EL VIH NO EXISTE



Muchas de las personas que estén leyendo esto –por no decir todas- estarán pensando algo así como; “¿qué dice este tipo?”, o “¡cómo que no existe, imbécil!”. Los lectores frecuentes, mucho más amables y compasivos, quizás concluyan que se me aflojó un tornillo, y que no sería mala idea que vuelva a mi nube, y continúe escribiendo cuentitos de amor. Bueno, lo cierto es que NO. Que NO existe el VIH, que NO se me aflojó un tornillo, y que por ahora NO voy a escribir ningún cuentito, ni de amor ni de nada.

Sucede que el tema de escribir una cosa u otra, en mi caso está unido a una necesidad y a un deseo de hacerlo, que va mucho más allá de una mera disposición mental. Se podría decir que está más en concordancia con una cuestión emocional, que con una racional, y es justamente ésta emoción la que me está llevando a los empujones –casi contra mi voluntad- a intentar dar a ustedes un pantallazo acerca de cierto material científico, del cual he tomado conocimiento en las últimas semanas.
El tema es más o menos así.

Pertenezco a una generación de personas en las que el virus del SIDA, el VIH (virus de inmunodeficiencia humana), se hizo presente como una sombra malvada, ya desde la adolescencia. Desde mis primeros contactos teóricos con el tema sexo, obviamente mucho antes de siquiera pensar en pasar a la práctica, el bombardeo mediático intimidatorio sobre las nefastas consecuencias que podría traer aparejado, el tener relaciones sin preservativo, era, por decirlo de alguna manera, importante. En realidad no sabíamos mucho del tema, (creo que incluso hoy la gran mayoría de la gente sabe muy poco sobre él) pero sí había un concepto que se repetía con insistencia en todos los ámbitos, y era las supuestas tres vías de contagio: la sangre, el semen y la vía feto-maternal. Digo que aún hoy la gente sabe poco y nada sobre este mal, porque por ejemplo, estoy seguro de que no muchas personas saben cual es la diferencia entre VIH y SIDA; o al menos qué es cada cosa. ¿Me equivoco? Bueno, el asunto es que desde esa época –año 1984 en adelante- hubo y hay mucha difusión y poca información sobre el virus del SIDA. Esa información retaceada, que lejos de informar, no hacía otra cosa que imbuir al tema en una capa de lúgubre y mortal misterio, se daba porque la realidad era, que nada se sabía sobre el VIH. ¿Y les cuento un secreto? Hoy, 31 de agosto de 2010, nada se sabe aún. Con esto comparto con ustedes el primer hecho que descubrí, que de entrada me rompió los ojos: EL VIH JAMÁS HA SIDO ENCONTRADO.

Así como lo lee, estimado amigo; el virus del SIDA nunca, en estos 26 años de carrera, ha podido ser aislado ni visto bajo el microscopio. Todo lo que hay son conjeturas y supuestos, basados en ciertos efectos nocivos causados por este supuesto virus invisible. Es algo así como el tema de los agujeros negros; se sospecha de su existencia por el comportamiento de su entorno, pero no por haberlos visto o medido alguna vez. Mal puede entonces hallarse una cura a algo que no se sabe a ciencia cierta lo que es. Quizás usted se esté preguntando entonces lo mismo que yo cuando me enteré de este pequeño gran detalle: ¿para qué son entonces los medicamentos que durante todos estos años se les han estado suministrando a las personas, supuestamente infectadas con el VIH? Se lo digo en dos palabras, a riesgo de parecer aún más loco que al principio: PARA NADA. Perdón, no para nada, ya que “para nada” significa que las que se administran son sustancias inocuas con efecto placebo, que mediante sugestión deberían mejoran sino curan al enfermo. Nada más alejado de la realidad. La cosa es aún peor; los que se administran son potentes cócteles retrovirales tóxicos, que no hacen otra cosa que llevar al paciente, hoy más lento que antaño pero inexorablemente, a la muerte.

Como verán estimados lectores, el tema es más complejo y bastante diferente a lo que nos han contado, y aún nos cuentan, desde los grandes medios masivos de comunicación e información. Es por esto que me parece conveniente, a fin de lograr una mejor comprensión de su parte, darle un orden y abordar por separado el tema, desde las diferentes aristas que lo componen.

El Dr. Roberto Giraldo, célebra inmunólogo, lo explica mucho mejor que yo.






HISTORIA: EL INICIO DE LA MENTIRA

La historia nos invita a situarnos en Estados Unidos, a mediados del año 1971. En ese mojón temporal confluyen dos hechos históricos que nada tienen que ver entre sí, pero que al final terminan sumando factores para escribir la realidad que hoy conocemos. Uno, es el hecho de que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra de Vietnam, con toda la multiplicidad de consecuencias que para una superpotencia esto implica. Y otro, es que iba en franco y decidido aumento, el número de muertes por cáncer en el país del norte, junto con la fuerte convicción popular, de que los culpables de este fenómeno terrible, eran la contaminación radiactiva y química, producida por las grandes industrias. El hecho es que de alguna manera, en ese momento había que desviar la atención popular hacia otro lado, más rentable y menos costoso, ya que tanto las industrias agroquímicas como las farmacéuticas, además de otras, eran un negocio demasiado importante como para ser detenido por unos pocos miles de muertos al año. Fue así que el presidente Nixon consiguió, mediante la ayuda de sus colaboradores científicos, fondos para buscar por otro lado al causante del cáncer; por el lado de los virus. Como había mucho dinero disponible para esta macro investigación, muchos científicos e investigadores de elite se alinearon detrás de esta causa nacional. Había que encontrar al virus responsable del cáncer a como diera lugar. Fue así que esta encarnizada búsqueda se enfocó básicamente en un determinado tipo de virus, conocido como retrovirus, que son los que tienen la particularidad de no matar a la célula que los alberga, sino que tan solo la usan para alimentarse y reproducirse.

En resumen, la atención del pueblo norteamericano consiguió ser desviada detrás de este virus tan asesino como esquivo, y las industrias finalmente estaban a salvo. Ahora solo había que encontrar al responsable.

La búsqueda del virus causante del cáncer fue tan intensa como infructuosa durante casi diez años, hasta que en 1980, algo comenzó a cambiar. Ese algo fue que comenzaron a aparecer, específicamente entre hombres de la comunidad gay de Estados Unidos, dos enfermedades desconocidas, o al menos poco estudiadas hasta ese momento; una, era un tipo de cáncer de piel llamado “sarcoma de Kaposi”, y la otra, una neumonía llamada “neumonía por pneumocístis”; ambas mortales en partes iguales. Estos casos comenzaron a replicarse con gran rapidez, y como era de esperarse, los ojos del mundo se depositaron sobre ellos, ante el inminente peligro que significaba una plaga de este tipo. El hecho relevante es que todos los recursos económicos que se estaban destinando, a descubrir al virus que estaba matando de cáncer a tantos norteamericanos, ahora se desviaron hacia el estudio de estas dos nuevas enfermedades. Al poco tiempo, la búsqueda dio sus frutos. En 1984, el Dr. Robert Gallo y el Dr. Luc Montagnier, anunciaron con bombos y platillos el descubrimiento del virus responsable de estas dos enfermedades, y de algunas otras que a la fecha también habían alcanzado notoriedad, y a las cuales habían decidido agrupar bajo una misma etiqueta llamada SIDA. El famoso virus fue bautizado como VIH: virus de la inmunodeficiencia humana. Perfecto.

A título informativo, les cuento que ya desde poco tiempo después del anuncio del descubrimiento de este supuesto virus, muchas voces desde dentro mismo de la comunidad científica se alzaron en su contra, entre ellos un premio Nobel, como lo es el Dr. Kary Mullis (premio Nobel de química en 1993). Pero no tuvieron eco, o más bien lo tuvieron pero en contra, ya que muchos de estos científicos sufrieron grandes reveses en sus carreras, por no querer alinearse a los intereses económicos dominantes.

Bueno estimados amigos, este es un muy breve resumen de cómo y por qué, nació todo este tema del VIH y del SIDA.








TEST DE DIAGNÓSTICO.

Para saber con “certeza” si una persona es seropositiva, es decir portadora del virus VIH, se usan básicamente cuatro diferentes test de diagnóstico. No quiero decir con esto que se usen todos en un mismo paciente, sino que cuatro son las alternativas que tiene la medicina para diagnosticar la enfermedad, dependiendo entre otras cosas, del lugar del planeta en que se encuentre la persona. De todos modos y como veremos a continuación, la fiabilidad de cualquier de estos exámenes es más que dudosa.

1) TEST ELISA

Es el primero que se usó ya desde los primeros casos, aunque actualmente sus resultados deben ser confirmados por otro test diferente, ya que se ha comprobado que ELISA arroja un 80% de falsos positivos. Es decir que de 100 personas examinadas, alrededor de 80 van a dar seguro positivo. Es por esto que como lo dije anteriormente nunca se aplica solo, sino contrarrestado con un segundo test, llamado TEST WESTERN BLOT. Ustedes se preguntarán seguro dos cosas por lo menos: ¿Por qué razón si es tan poco fiable se sigue aplicando? Y ¿por qué si el fiable es el segundo, no se aplica solo éste? Bueno, la respuesta para ambas preguntas es la misma: porque la venta de ambos da muy buenos dividendos a los laboratorios.

2) TEST WESTERN BLOT

Como lo dije antes, este es el test que confirma o rebate los resultados del ELISA. Pero hay un dato para nada menor con respecto al currículum de dicho test, y es que el mismo ha sido prohibido en Inglaterra y algunos otros países, por ser poco fiable. ¿Maravilloso no? Se sigue sí aplicando mucho en países del tercer mundo.

3) Luego están los TEST VIRALES COMUNES, que son los que se aplican para virus simples como la gripe. Estos por su parte, han dejado de usarse porque dan casi siempre negativo, es decir que no detectan nada.

4) TEST DE CARGA VIRAL

Este test es el que más se usa en la actualidad, y se basa en la PCR (reacción en cadena polimerasa), descubierta por el Dr. Kari Mullis en 1983, y por el cual años más tarde fue galardonado con un premio Nobel. La contradicción viene en este caso de la mano del propio Mullis, quién desde el momento mismo del descubrimiento ha gritado a los cuatro vientos, que la PCR por él descubierta no sirve para contar virus. El Dr. Mullis recibió, por parte de la comunidad científica internacional duras críticas por sus declaraciones, y en cambio los laboratorios que fabrican el test se han llenado de oro.

Estos son, estimados amigos, explicados de una manera muy somera, los procedimientos que la ciencia actualmente utiliza para la detección del VIH. A mi modesto entender, ya desde el diagnóstico estamos en el horno.








MEDICAMENTOS UTILIZADOS

Es de conocimiento público que el SIDA no tiene cura. O al menos eso es lo que sostiene la medicina tradicional. De esto se deduce entonces, que los medicamentos que se suministran a los pacientes con VIH, son solamente para mejorar su calidad de vida, durante el tiempo que la conserven.

Los científicos disidentes afirman con vehemencia constante desde hace muchos años, que lo único que hace cualquiera de los medicamentos contra el SIDA, los cuales son portadores de infinidad de sustancias tóxicas con una multiplicidad de efectos secundarios, es debilitar aún más el ya de por sí disminuido sistema inmunitario.

La primera droga que se usó para combatir el SIDA fue el AZT, la cual años antes ya había sido usada en pequeñas dosis para combatir el cáncer, aunque más tarde prohibido por la mayoría de los gobiernos, por su alta toxicidad. Se podría decir a groso modo, que eran más los efectos negativos que tenía, que los positivos. Bueno, esta droga, que en pequeñas dosis había sido prohibida para combatir el cáncer, se empezó a aplicar, a diestra y siniestra, para combatir el SIDA. Los efectos no se hicieron esperar: el virus del SIDA se moría, junto con la persona, claro. Era tal la toxicidad de esta droga, que un paciente en apariencia sano, diagnosticado como seropositivo, moría en muy pocos meses, dependiendo básicamente de su estructura física. Ahí están las fotografías por todos lados, de pacientes terminales de SIDA en la década del 80 y el 90, horriblemente deteriorados físicamente. No era el SIDA el que los mataba a velocidad de vértigo, era el AZT. Freddie Mercury puede dar mudo testimonio de ello.

Con el tiempo, esta droga se prohibió en esas dosis descabelladas –luego de que decenas de miles de personas habían muerto, claro- para dar paso, mucho más acá en el tiempo, a los antirretrovirales, que hacen más o menos lo mismo, pero más lentamente. Es más o menos así: “te vas a morir igual, pero mucho más despacito, con lo que vas a tener más tiempo para terminar cuestiones pendientes”. Suena macabro al extremo, pero es así.

Existen miles de casos en el mundo diagnosticados con VIH, que por algún motivo se han negado al tratamiento médico tradicional, optando entonces por tratamientos alternativos, y no les ha ido tan mal. Muchos incluso diagnosticados en la década del 80, totalmente recuperados, viven una vida feliz.




PERO ENTONCES, ¿QUÉ ES REALMENTE EL SIDA?
¿SE MUERE LA GENTE DE SIDA O NO?

Las respuestas a estas interrogantes son claras y contundentes, y deben ser bien entendidas por la gente.

El SIDA existe y significa SÍNDROME DE INMUNODEFICIENCIA ADQUIRIDO. Como su nombre lo indica, es una deficiencia severa del sistema inmunológico humano, crónica, y que de no tratarse adecuadamente, puede llevar a la muerte de la persona.

Según los científicos disidentes, entre los que se destaca el prestigioso inmunólogo Roberto GIRALDO, esta falla severa en el sistema inmunológico puede desatarse por razones varias, pero no por un virus mortal y contagioso, como nos vienen diciendo desde siempre. Y de última, en caso de que al famoso virus sí existiera, podría ser fácilmente expulsado del organismo por nuestro sistema inmune. Si esto no sucede, no es por culpa del virus en sí, sino por culpa del sistema de defensa que está fallando.

Según GIRALDO, son cinco los orígenes fundamentales que pueden llevar al deterioro del sistema inmunológico:


QUÍMICO: Drogas, contaminación del aire, alimentos tratados químicamente, agroquímicos, etc.

FÍSICO: derivados de la excesiva exposición a campos electromagnéticos por el uso desmedido de aparatos eléctricos y electrónicos.

BIOLÓGICOS: agentes tóxicos de origen vivo; bacterias, hongos, virus, parásitos, sangre, semen, etc.

NUTRICIONAL: malnutrición por falta de alimentos, o por una alimentación inadecuada.

PSICOLÓGICO: ansiedad, depresión, pánico, tristeza, etc.

Este último factor es, según el Dr. GIRALDO, el factor que más estresa e influye en el deterioro del sistema inmune, dentro de la sociedad occidental moderna.




¿CÓMO SE CURA EL SIDA?

Tan fácil como atacando la o las causas que lo desencadenan. Por ejemplo, si el SIDA se ha desatado por falta de alimentación, como es básicamente el caso de las personas enfermas en AFRICA, éste se podría curar simplemente aplicando una correcta dieta, rica en nutrientes, vitaminas, agua potable, etc.

Esto ha sido dicho no solamente por los médicos disidentes, sino también recientemente por el propio Dr. Luc Montagnier, co-descubridor en 1984, del supuesto virus del SIDA.

He aquí el video que da base a mis palabras.




¿Claro no? El mismo descubridor del SIDA dice claramente y sin vueltas que el propio sistema inmunológico es capaz de auto sanarse, si está en condiciones normales de salubridad. ¿Por qué no se hace entonces? A mi me parece que simple, porque no es rentable llevar comida y agua potable a África; porque los intereses de la industria farmacéutica son demasiado importantes; y de yapa, porque según algunas organizaciones internacionales, en África sobra gente. ¿Qué les parece?



CONCLUSIONES

Yo sé estimados amigos que no es para nada fácil creer todo lo que en este artículo he compartido. Yo sé que es sumamente difícil de imaginar, para la mayoría de nosotros, simples seres humanos que vamos todos los días a trabajar para lograr tener una vida decorosa, y a la noche volvemos a nuestro hogar a estar con nuestra familia, que haya personas que estando muy por encima de estas cotidianas cuestiones, sean capaces de pergeñar una mentira semejante. Simplemente no nos entra en la cabeza. Créanme que yo hasta no hace mucho, era también de los que no creían que en el mundo hubiera gente así, que tuviera la inteligencia y la maldad suficiente, como para crear un aparato maléfico de tales dimensiones. Era, pero lentamente, y gracias a pruebas irrefutables que gracias a Internet tenemos cada vez más a mano, he ido cambiando de idea. Ahora sí creo que hay gente así. Gente que inventa guerras para vender armas. Gente que inventa enfermedades para vender remedios. ¿Cuál es la diferencia? En definitiva, en cualquiera de las dos mueren personas.

No les pido estimados amigos que crean a ojos cerrados en todo lo que en este artículo han leído, visto y escuchado. Esto es tan solo un pequeño aporte de alguien que nada sabe de medicina, química o física, pero que sí apela mucho al sentido común, para al menos intentar plantar en ustedes el virus de la curiosidad, y o por qué no, el de la preocupación. No crean en todo lo que les he dicho, pero busquen en Internet, pregunten, lean, infórmense de alguna manera, y saquen así sus propias conclusiones. Creo que más que un derecho, es una obligación que todos tenemos como seres humanos.

Es una obligación porque millones de personas mueren en el mundo por diferentes razones, la inmensa mayoría de ellas razones evitables. Y si no hacemos nada al respecto, aunque sea informarnos para poder aportar así nuestro grano de arena a la difusión de la verdad, estaremos siendo cómplices, estimados amigos; por omisión, pero cómplices al fin de estos genocidas.

Queda hecha entonces la invitación a la reflexión.

Un abrazo y gracias por la atención.




MATERIAL DE CONSULTA

Casa de los números (documental): Link de descarga

http://www.pediatriaatlantico.org/articulos/sida.htm
http://www.webislam.com/?idt=1512