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jueves, 5 de abril de 2012

FUNCIONARIOS PÚBLICOS

Por Hernán Barrios






VERDADES Y MENTIRAS DETRÁS DEL MITO


Antes de entrar en la administración pública y seguramente arrastrado por la creencia popular, pensaba, como casi todo el mundo, que la mayor parte de los funcionarios Estatales pasaba su larga existencia laboral, tratando a toda costa de hacer lo menos posible. Luego, una vez que estuve dentro, lo confirmé. 


Y ya que estoy en plan de “cortar grueso” voy a ir un poco más allá y a disparar, sin miedo a equivocarme, la siguiente sentencia: “si en todas las dependencias del Estado se da la misma relación trabajo efectivo/hombre que en la mía, el aparato público podría funcionar perfectamente, mejorando esa relación, con la mitad de su plantilla actual de trabajadores”.

¿Pero por qué sucede esto? ¿Cuáles son las causas de que la mayoría de los empleados públicos caigan en esta suerte de actitud parasitaria, de la cual no parecen emerger grandes beneficiarios, sino más bien todo lo contrario? ¿En qué parte del proceso está el detonante, –si es que lo hay- de que alguien que desde fuera despotrica a más no poder contra la ineficiencia de los empleados públicos, luego, estando dentro, se convierta de la noche a la mañana exactamente en eso que criticaba?


Hace algunos años, cuando comencé a estudiar publicidad y tenía un empleo privado, un profesor contó que de joven había trabajado un par de años en un Organismo Público (no recuerdo en cual), pero que un buen día decidió renunciar porque no soportaba más, el ver que la mayoría de sus compañeros no quería nada con el trabajo, y que como consecuencia de esto las tareas de los pocos que sí trabajaban, se veían sustancialmente incrementadas. Eso, además de que éstos últimos eran maltratados por los primeros, por dejarlos en evidencia. Recuerdo que en ese momento me pareció una exageración de su parte, el hecho de que este señor hubiera renunciado a un empleo seguro, por semejante simpleza. Tuvieron que pasar unos cuántos años y algunas experiencias laborales, para llegar al punto de poder entender lo que aquel profesor intentó transmitirnos.


EL SER HUMANO

A mi ver, este tema de la función pública tiene varias puntas, pero creo que en el fondo de la cuestión hay un núcleo común que es inherente al ser humano, potenciado además por un antiquísimo arraigo cultural, que no va a poder ser cambiado en el corto plazo, por más esfuerzo administrativo que se haga. Este núcleo es el hecho de que las personas –en líneas generales-, tenemos tendencia a sacar ventaja, empujar límites y evitar reglas. Se ve claramente en los niños pequeños, cuando tratan a toda costa de empujar más y más, los límites que sus padres les marcan. Las Instituciones nos van enseñando metódicamente a lo largo de nuestro desarrollo, a acatar reglas, a fin ser miembros activos y útiles de la sociedad, pero claro está que no lo consiguen del todo. Siempre queda dentro de nosotros, reprimida y a la espera de la menor oportunidad, esa chispa que nos hará en determinadas situaciones, intentar sacar alguna ventaja personal. Esa chispa encuentra dentro de las Instituciones del Estado, por motivos que inmediatamente analizaremos, campo fértil para chisporrotear a su antojo, y muchas veces, hasta para armar una gran fogata.

De esa plataforma partimos todos, y sobre ella se basan todas las actividades que realizamos en la vida. Luego están las diferencias individuales, que nos hacen sacar más o menos rédito a nuestro favor (y en contra de otros por supuesto), seguir más o menos los lineamientos que se nos marcan, cumplir de mejor o peor manera las tareas que se nos asignan, etc. Los matices en este sentido son tantos como la cantidad de personas, pero mi experiencia personal laboral no hace otra cosa que indicarme, lamentablemente, que son bastantes más las personas que van a intentar hacer su tarea de una forma fácil y rápida (sin mencionar a un porcentaje importante que directamente intentará no hacerla), que los que procurarán realizarla de la mejor manera posible.


LA FUNCIÓN PÚBLICA

Debido a lo dicho anteriormente, parece ser que las personas necesitamos, a fin de cumplir de forma relativamente adecuada con los preceptos que se nos marcan, que dichos preceptos se nos recuerden con cierta frecuencia, y preferentemente bajo forma de amenaza. Con ese fin (entre otros), es que existen en todas las instituciones, las diferentes jerarquías. Los jefes están, además de para decirnos lo que tenemos que hacer y de qué manera hacerlo, para intrínsecamente recordarnos que de no cumplir con nuestra tarea, recibiremos una sanción. Podemos darle muchas vueltas al asunto jerárquico, pero básicamente el resumen es ese.

Bueno, una de las mayores falencias que tiene la Administración Pública, es que los jefes no cumplen su función. Y no la cumplen porque por encima de ellos hay otros jefes que tampoco la cumplen. Y así sucesivamente, hasta llegar a la inequívoca conclusión de que por encima de todos, no hay jefe. Es decir que, a diferencia de lo que sucede en una empresa privada, la cual tiene un dueño que vela por sus intereses comerciales y económicos, y que en última instancia va a tomar las decisiones que sean necesarias para optimizar sus recursos, en la Administración Pública esta figura no existe. Nadie es dueño de UTE, de OSE o de la Universidad de la República. Son organismos que si bien tienen autoridades que forman órganos, que a su vez deciden sobre el funcionamiento de dichas entidades, nadie deja en definitiva de ser empleado. Y más importante aún, nadie deja de cobrar su sueldo a fin de mes, si la empresa no recauda lo suficiente, o si sus recursos están mal administrados. Esta sensación acéfala que campea por los pasillos de las Instituciones del Estado, es uno de los mayores problemas que las acechan, porque en el fondo, y a falta de una figura última que sea capaz de poner en riesgo nuestra estabilidad laboral, queda todo librado a la voluntad individual, que como vimos al principio del artículo, no es una de nuestras mayores virtudes.


LA MANZANA QUE PUDRE EL CAJÓN

Se da en todos los trabajos, pero en los públicos tiene un efecto mucho más devastador, porque la “manzana podrida” continúa en el cajón hasta que las fuerzas de la naturaleza la hacen desaparecer (entiéndase se jubila, o se muere). Generalmente nadie toma cartas en el asunto, ya que el hecho de intentar sacarla, implica una serie de larguísimos y complicados trámites administrativos, en los cuales casi nadie intenta siguiera involucrarse. El efecto contagio es inevitable.

Las “manzanas podridas” son funcionarios que generalmente están atornillados en su cargo público desde tiempos remotos, que van a su lugar de trabajo (cuando van), solo a esperar que sea la hora de volver a sus casas, y que no hacen absolutamente nada productivo en la función. Dicha improductividad los lleva a ser removidos de puestos u oficinas donde hay mucho trabajo y por ende se necesitan funcionarios proactivos, y delegados a lugares donde haya poco y nada para hacer. Con esto la administración logra, que por lo menos no entorpezcan el funcionamiento general de la Institución. ¡Pero qué paradoja no! Lo que en teoría debería ser un castigo por inútil, termina siendo un premio por vivo. Fácil es imaginar que el efecto de putrefacción que esta medida produce en el resto de los funcionarios, es de grandes dimensiones. ¿Quién va a querer esforzarse en la función, si el premio se lo dan al que menos hace? Cobrar lo mismo por hacer menos, es definitivamente, un buen negocio.

Por otro lado hay también un efecto de putrefacción parecido al anterior, que podría definirse bastante acertadamente, con esta frase: -como nadie hace nada, yo tampoco.

Me consta que hay muchas personas que entran a la Administración Pública con buena energía y ganas de trabajar. Gente joven que quizás viene de trabajos privados, y para los cuales el hecho de acceder a un trabajo público, con los beneficios que ello implica, es sin duda una mejora importante. Lo malo es que una vez dentro, comienzan inevitablemente a ganar importancia las injusticias y desigualdades entre funcionarios, y a perder terreno los beneficios, que en un principio podían parecer maravillosos. A la corta o a la larga, la mayoría de estas personas que en un principio tenían muchas ganas, comienzan a perder interés y a ser digeridas, lenta pero inexorablemente, por el gigantesco monstruo de la apatía. Por otro lado, los que se resisten y luchan contra el sistema, los que tratan de no perder las ganas primitivas y ponen todo de sí para hacer bien su trabajo, terminan sobrecargados, estresados y hasta muchas veces, enfermos. Una injusticia más de las tantas que se pueden ver, sin mucho esfuerzo, en la Administración Pública.

Otro problema importante que tiene para resolver el Estado, si quiere mejorar la eficiencia de sus Instituciones, es el tema de la gran cantidad de funcionarios de edad avanzada, con que cuenta entre sus filas. No me atrevo a dar cifras, pero me consta que el porcentaje es bastante abultado. Para ser sincero, no creo que el problema sea en realidad la edad más o menos avanzada del funcionario, ya que conozco algunos veteranos que trabajan incluso más que muchos jóvenes. Creo sí que la Administración se enfrenta a un número importantísimo de personas que ahora son veteranas, y que sólo ocupan su puesto de trabajo, con el único propósito de ver pasar, ansiosos, los pocos años que les restan para la jubilación, pero que en realidad nunca hicieron mucho más que eso en su función, aún siendo jóvenes.

Es entendible y absolutamente normal el hecho de que los años traigan consigo cansancio, decaimiento, y una decadencia en el rendimiento general, en todo sentido, de las personas. Pero hay actitudes que nada tienen que ver con los años, y sí mucho con la forma de ser. Hay una plataforma importante de funcionarios que entraron a la Administración Pública en el período pos-dictadura (otros durante), la mayoría bajo el modelo de “amiguismo político” –forma de ingreso de lo más normal en esos años-, que forman parte del modelo de Institución vetusta y cansina de antaño, y que no tienen interés alguno en ser miembros activos de una renovación del aparato Estatal. Si uno les pregunta, te lo dicen con total normalidad y sin tapujo alguno; ellos quieren que los dejen tranquilos hasta que les llegue el momento de retirarse. –Qué se encarguen los jóvenes de eso- disparan.

Como forma de combatir este fenómeno, las autoridades de turno parecen haber decidido dejarlos estar –Let it be, como dice el amigo Paul, el cual está próximo a visitarnos y del que anoche me acabo de enterar que no es el original CLIC AQUÍ (pero bueno, eso es arena de otro costal)- pero al mismo tiempo han abierto, mediante un sin fin de concursos, las puertas del Estado, a fin de, dicho en términos automovilísticos, renovar la flota. Está entrando mucha gente joven y bien preparada a la Administración Pública, y en teoría con ganas de hacer cosas. Pero lo que no parecen estar viendo las autoridades de turno, es que si no se inventa un mecanismo rápido y efectivo para subsanar las injusticias funcionariales que mencionamos anteriormente, vamos inexorablemente a caer en la misma rosca. Los nuevos funcionarios notan inmediatamente que ganan lo mismo o menos que los viejos que no hacen nada, y por decantación, en poco tiempo pierden su entusiasmo. La Administración se acaba de ganar así, un nuevo funcionario improductivo, que pasará seguramente toda su larga carrera administrativa, tratando de hacer lo menos posible.


SUELDO BAJOS, BENEFICIOS ALTOS

En líneas generales, se podría decir que los sueldos de la mayoría de los Organismos del Estado, si bien han aumentado considerablemente en los dos últimos períodos de gobierno, siguen siendo bajos, o por lo menos, insuficientes.

Pero a ver, acá considero pertinente hacer una aclaración importante. Los sueldos son bajos para la gente que realmente trabaja y cumple correctamente su función. No así para los otros. Para esos funcionarios parásitos de los que hemos estado hablando, los sueldos no solo son altos, sino injustificados. Se cae de su peso el hecho de que con el dinero que se “pierde” pagándole un sueldo a tanta gente por no hacer nada, bien podría beneficiarse a los que sí hacen. Pero bueno, todos sabemos que este tipo de medidas no son para nada sencillas dentro del aparato público.

Lo que sí hay en casi toda la Administración Pública, supongo como forma de paliar la precariedad de los salarios, son ciertos beneficios para nada desdeñables, que básicamente tienen que ver con licencias, días libres extraordinarios, facilidades para las personas que desean estudiar, muchos días feriados, una carga horaria no demasiado exigente, la posibilidad de un horario de trabajo elástico, etc. Cierto es que de poco sirven los beneficios de este tipo a la hora de pagar las cuentas, pero también cierto es, que ellos nos dan la posibilidad de realizar otro tipo de emprendimientos personales, al mismo tiempo que tenemos el cargo público. En la mayor parte de los trabajos privados los sueldos no son mucho mejores, y encima nos consumen todo nuestro tiempo y energía.


CRÍTICAS CIUDADANAS A LOS FUNCIONARIOS PÚBLICOS

Empecé este artículo diciendo justamente que fui y soy una de esas personas que critican a los funcionarios públicos, y a la Administración Pública en general. Lo hago, aún estando dentro del sistema a criticar. Pero hay un fenómeno social que no por consabido deja de provocarme cierta hilaridad y algo de rechazo.

No se necesita ser demasiado perspicaz para darse cuenta de que la percepción general de la ciudadanía con respecto a los funcionarios públicos es, por lo menos, de disconformidad. Que pasan de paro; que trabajan poco; que tienen muchos beneficios; que son inamovibles; que nosotros les pagamos el sueldo; entre otros, son algunas de las sentencias que emite el ciudadano común, cuando se refiere al funcionario público. Al menos yo no he tenido la oportunidad de dialogar con una persona que nos de para adelante. Pero aquí viene la contradicción. De esa enorme masa de población que critica, algunas personas tienen la posibilidad de ingresar a algún Organismo del Estado, y de hecho lo hacen. Lo que sucede a continuación en la inmensa mayoría de estas situaciones, es exactamente lo que traté de explicar al principio del artículo. Esas personas criticonas, luego de estar dentro, se convierten como por arte de magia, en seres de la misma calaña de los que hasta hace poco criticaban. ¿Entonces de qué se trata todo esto?

Todo el mundo critica al funcionario público, pero a su vez todo ese mismo mundo está deseoso de poder ser funcionario público, para mimetizarse con el entorno. No me queda entonces otra, que pensar que la envidia y la hipocresía son sentimientos que campean a sus anchas, en nuestra sociedad. ¿Será entonces que el aparato público no es otra cosa que un micro-mundo que representa y refleja a la sociedad en su conjunto? Si es así queridos compatriotas, nuestro país está jodido y lo va a estar por siempre, sin importar el color de la bandera de quien esté en el gobierno de turno.


INTERFERENCIA EXTRA

Hay un elemento que considero tiene mucho que ver, en el hecho de la falta de productividad del funcionario público. Un elemento que es relativamente nuevo en la sociedad, y que creo no está adecuadamente instrumentado, como para garantizar más beneficios que pérdidas a las Instituciones.  Este elemento es INTERNET.

Es innegable el hecho de que Internet es, hoy en día, una herramienta absolutamente imprescindible en cualquier oficina del Estado. Cada vez son menos las tareas que no necesitan una conexión a la Red para poder realizarse, y por ende la dependencia de las oficinas públicas (y privadas) a ella, ha aumentado en los últimos años de manera exponencial. Pero el problema no es Internet, sino el uso que de ella se hace. Y volvemos al principio.

El uso de Internet y de sus hijas más famosas, las Redes Sociales, por algún motivo ha quedado, en la mayoría de las oficinas públicas, librado al criterio de los funcionarios. Y adivinen qué sucede: se abusa. No sé cuál sería la distracción de los funcionarios públicos que nos precedieron, en épocas en que ni siquiera se soñaba con que este maravilloso instrumento existiera, pero lo cierto es que hoy, Facebook (por nombrar a la más importante), es la estrella de las oficinas públicas. Me consta que hay funcionarios que pasan varias horas de su jornada laboral, realizando expediciones  para nada furtivas a este mundo virtual; viendo fotos, videos, comentando, publicando cosas, etc.

Y ustedes queridos amigos se preguntarán, ¿y los controles dónde están? Pues no están. No voy a ponerme a repetir todo lo que argumenté al principio sobre este tema, ya que creo haber sido bastante explícito al respecto. Lo que sí quiero dejar bien en claro, es que desde mi modesto punto de vista, no sería mala cosa prohibir el uso de esa, y de redes sociales similares, en las oficinas públicas. Primero, porque nada tienen que ver con el trabajo, y segundo porque la dependencia psicológica que ellas generan en las personas, atenta directamente contra la eficiencia de los funcionarios. Lamentablemente, como expliqué al principio, las personas no somos capaces de auto-controlarnos, a fin de hacer un uso moderado de los beneficios y recursos que se nos otorgan, por lo que la única solución viable parece ser la quita de los mismos.


CONCLUSIÓN

Quise con este artículo, estimados lectores, hacer un análisis con cierto grado de profundidad sobre el tema de la Administración Pública, con especial hincapié en el factor humano, que es en definitiva el que lo compone. Soy conciente de que he sido bastante tajante y duro en muchas de las apreciaciones que he hecho, pero es que no encontré otra manera de hacerlas. Considero que hay temas de carácter social que nos competen a todos los ciudadanos, y en los que no se puede andar maquillado los conceptos a fin de que suenen menos dramáticos.

El aparato público Uruguayo es enorme y costoso, en relación a su población. El problema es que su efectividad no está de acuerdo con su tamaño, y ese desajuste lo pagamos de nuestro bolsillo, todos los contribuyentes. Tan simple como eso. Algo similar a lo que ocurre en las Fuerzas Armadas; es mucha gente para el poco trabajo que hay. Pero el tema es que esa gente, haya trabajo o no, cobra su sueldo todos los meses.

No es un problema sencillo de resolver ya que hay muchos y diferentes intereses involucrados en el tema. Los sindicatos defienden a capa y espada (a veces con razón y a veces sin ella), a todos los funcionarios. El sector privado, a pesar de haber tenido un crecimiento sostenido en estos últimos años, aún no está en condiciones de absorber al excedente público. La redistribución entre Organismos del Estado aún no está bien aceitada, y por ende conlleva una enorme cantidad de instancias administrativas, que en los hechos, la hacen prácticamente inviable. Y de fondo, la idiosincrasia uruguaya hace que las personas que acceden a un empleo público, no lo tomen con la responsabilidad que deberían.

Pienso que vamos a ir mejorando con el paso del tiempo, aunque también pienso que este tiempo no va a ser corto. La profesionalización de los funcionarios públicos debería, al igual que la educación, la economía, las relaciones internacionales, etc., incluirse en la agenda del Estado y hacer de ella un compromiso de carácter político, con todos los agentes que lo componen. No puede más quedar librado al gobierno de turno, porque sino estaremos dando pasos para adelante y para atrás, por siempre.

7 comentarios:

  1. 1º espero que no pierdas el entusiasmo.
    2º espero desembarcar pronto.
    3º comparto, con alguna tonalidad el 99%.
    4º me atrevo a sugerir: a) la VIII prueba del cesar impuesta a Asterix (Obtener la forma A-38) y "14 preguntas" de La Chancha (la chancha a la carta)
    5º gracias a una red social destrabaron las revistas ORSAI del puerto de BS.AS.
    6º la institucionalización creo es inevitable por eso voy a renunciar.
    7º descanso como en la Biblia.

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    1. 1- Yo también lo espero.
      2- Que así sea.
      3- ¿Tonalidad mayor o menor?
      4- La segunda sugerencia ya la tomé. La primera aún no.
      5- Si, ¿y?. ¿No me digas que fueron los funcionarios públicos argentinos actuando en masa y en horario de trabajo los que lograron tamaña hazaña? Además yo no estoy en contra de las redes sociales ni mucho menos, solo del mal uso que de ellas se hace.
      6- Me parece bien que lo hagas. En tu caso seguro es la mejor opción.
      7- ¿En paz? Lo siento mucho.

      Gracias estimado por pasar.
      Saludos.

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  2. Se nota que sos un tipo que piensa. Gracias por este artículo. Tengo que releer para ver mis matices pero la sensación que tuve mientras leía el artículo fue de empatía.
    Otra cosa que me llama la atención es el gasto generado en las oficinas públicas (gas, luz, papel, toner, agua, teléfono, etc) pensando que el Estado es alguien más que paga las facturas: El Estado somos todos, pero no tiene presencia física, como el jefe. Por otro lado están los concursos de ascenso. Nadie capacita a los mandos medios, las jefaturas y direcciones, ni nadie evalúa las capacidades de las personas que concursan. Tampoco nadie evalúa la gestón de los antes mencionados. Por esas y otras razones, terminan existiendo jefes inimaginables. No viste la serie "the office", bueno, así.
    Espero no rendirme; tampoco lo hagas vos.

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    1. El tema del uso y abuso de los insumos de las oficinas públicas, incluyendo los servicios, da para hacer otro artículo (con anecdotario incluido), tan o más extenso que éste. Con decirte que conozco gente que carga su celular en el trabajo para no gastar luz en la casa, así que imaginate.

      Estoy de acuerdo contigo en el tema de la capacitación de los cargos de grado. Hasta donde sé, existen concursos que tienen que ver con lo reglamentario, pero ningún curso que instruya a los funcionarios en el arte de dirigir personal. Y con respecto a las evaluaciones funcionales, mejor ni hablo. Son una caricatura.

      No vi la serie que decís, pero prometo pegarle una mirada.

      Muchas gracias por leer, comentar, y alentar.

      Saludos.

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  3. Quien es el responsable de esto que denuncias y que estoy completamente de acuerdo. Creo que como se dice "el estado somos todos" y por ese mismo motivo todos somos responsables de esta situación. La padecemos y al mismo tiempo la apañamos, con nuestra indiferenciaa veces nuestra falta de participación porque no tenemos tiempo, porque estamos de paso, tantas escusas nos ponemos a la hora de tener que hacer algo y salir del lugar de la queja.
    Si es verdad, es dificil luchar para cambiar este sistema, es verdad, pero creo que no nos podemos dar por vencidos, los mecanismos para hacerlo existen y no es sacar por ejemplo la inamovilidad de los empleados publicos como algunos pregonan, diciendo una cosa y otra, desdiciendose desde su lugar de poder...
    Durante los 14 años que hace que estoy en la institución pública lucho por no institucionalizarme, creo que en cierta medida lo eh logrado, y tambien te digo que durante el tiempo que este en esta "bendita" Facultad voy a seguir haciendo para que las cosas cambien.

    un beso y como te dije, lo prometido es deuda y ahi te va. Giselle

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    1. Los responsables somos todos, estoy de acuerdo. La ineficacia de los Organismos Públicos ha existido desde que tengo memoria. ¿Quién no ha tenido que hacer un trámite en alguno de ellos, y ha vuelto encolerizado por haber tenido que hacer una fila de horas, o porque le pidieron un papel que antes no le habían pedido, o porque le faltaba un timbre, o porque nadie encontraba su expediente, etc.? A todos nos ha pasado. ¿Y qué hacemos nosotros desde dentro para que eso no ocurra más? La mayoría, nada. Solo repetir el modelo una y otra vez, para seguirlo perpetuando. El Estado ha estado siempre aquilozado, pastoso, lento, trabado, y creo yo que estamos en tiempos de cambiarlo. El mundo así lo exige y el gobierno tiene la intención; hay que cambiar procedimientos, reglamentos, formatos, incorporar tecnología, y más, pero nada, absolutamente nada de ésto será efectivamente realizable si no cambiamos la cabeza, si no dejamos de mirarnos el ombligo y empezamos a mirar hacia adelante, y nos damos cuenta de una vez por todas de que a mediano y largo plazo, los beneficios generales son más importantes que los particulares.

      Muchas gracias por leer, comentar y compartir.

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  4. Muy buen análisis del ambiente Estatal.
    Al igual que el articulo sobre ANTEL y el ADSL, este tiene, y lamentablemente lo seguirá teniendo, mucha vigencia.

    Abrazo.

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.