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martes, 30 de octubre de 2007

CARTA A MI HERMANA

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Marzo de 2065
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“Casi no recuerdo ya el día que nos dejamos de hablar. Sí recuerdo que era un tiempo de confusión y cambios. Eramos jóvenes. Demasiado jóvenes quizás, como para tener plena conciencia de cuán importantes son algunas cosas en la vida y cuán insignificantes otras. Teníamos la impronta y la intolerancia propia de dos cuerpos fuertes y casi indestructibles. Tanto, que nos creíamos absolutamente autosuficientes. Eramos muy jóvenes.”
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“De niñas éramos carne y uña. Todo el día juntas y cómplices. Recuerdo como si fuera ayer aquellas vacaciones en el campo, en la casa de los abuelos. Cómo nos divertíamos entonces! O yendo juntas a la escuela. Podría decirse que éramos inseparables. Nos peleábamos, claro, como todos los hermanos, pero jamás nos hubiéramos podido imaginar en ese entonces la vida de una sin la otra. Luego vinieron los otros hermanos. Los queríamos mucho, pero nuestra relación continuó siendo especial. Podría decirse que coexistía en forma paralela a todo lo demás. Y era hermoso. Especial. Mágico.”
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“Casi sin darnos cuenta crecimos. La vida nos alejó de nuestros padres y de nuestros afectos. Atrás dejamos una vida de niñas y empezamos a recorrer el nada sencillo camino de la adultez. Ahora en cosas de grandes, seguimos siendo amigas y cómplices. Y vinieron estudios, trabajo, amores, desamores. Pasó la vida. Y pasó tan rápido! Tan rápido... que casi no recuerdo ya el día que nos dejamos de hablar.”
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“El día en que no te dije todo lo que te quería. El día en que no te dije lo mucho que significabas en mi vida. El día en que no te dije que eras en el fondo mi mejor y más incondicional amiga. Y ahora... me muero de ganas de deshacer el camino. Me muero por decirte lo que no te dije y de hacer lo que no hice, por tonta nomás. Por magnificar cosas que ahora, al fin de mi vida y en esta fría camilla, tengo real conciencia de lo absolutamente insignificantes que eran. ¡Cómo me arrepiento de no haber aprovechado el tiempo y de no haberte aprovechado, hermana querida! ¡Cómo me gustaría ahora abrazarte y besarte! ¡Cómo me gustaría otra vez correr alegres por esos infinitos caminos de la niñez! ¡Cómo me gustaría ir con vos al cine; comer una barra gigante de chocolate tapadas con una frazada y por qué no, pelearnos otra vez con la absoluta convicción de que esa pelea no es más que una cuestión del momento, y que nada tiene que ver con el amor que nos tenemos! ¡Cómo me gustaría, pero ya es tarde! Ya es demasiado tarde. Solo digo tu nombre con mi último aliento y me juro a mí misma que donde sea que nuestra almas se vuelvan a encontrar, te voy a estar esperando para volver a abrazarte como antes.”
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“Te quiero, hermana. Te quiero mucho. Te am...”

2 comentarios:

  1. Sigo tratando de que el tema de los comentarios funcione. Por ahora, nada.

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  2. Aveces los amigos de la vida te los regala la sangre; no es siempre, pero cuando sucede es un milagro en el que: la sangre y el alma forman una comunión. Entonces uno tiene mucho más que un hermano: - tiene un amigo.

    Gracias por recordanos este milagro.

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.