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domingo, 30 de marzo de 2008

CARTA A UN AMIGO



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Era diciembre, eso es seguro. Lo que no recuerdo exactamente es el año. Puede haber sido en el 96. Sí, es muy posible que haya sido ese año cuando llegó a mi vida. Cómo pasa el tiempo amigo. Sé que es una frase repetida, pero parece que fue ayer que la tuve por primera vez en mis brazos. Era tan linda, delicada, fresca. Fue verla y no dudé un momento en que tenía que ser mía. No cabía otra posibilidad.

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Pero para que te ubiques, todo empezó un tiempo antes. Quizás por junio o julio del año anterior. La soledad –y me refiero a la ausencia de afectos- habían empezado a calar hondo en mí. En realidad, vos bien sabes que el ausente era yo, pero para el caso es lo mismo. El destino y yo lo habíamos querido así y ahora no había otra que seguir adelante. Viste como es amigo, una vez que uno decide algo, casi por orgullo no hay que echarse atrás. Al menos por un tiempo prudencial. Y ahí estaba yo. Solo. Gente por todas partes, pero solo. Creo que era justamente ese conglomerado de personas, esa multitud de rostros desconocidos, ese bullicioso enjambre de almas comunes y ajenas, lo que ponía indefectiblemente de manifiesto mi enorme insignificancia y mi soledad. Una soledad áspera y fría. Una soledad enorme. Tan enorme e ingrata como la vida misma. Era una soledad ácida, amarga y seca que lo cubría todo. Incluso mis sueños, mis días, mis noches. Me seguía a todas partes como mi sombra.

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Vos sabes que al principio me perturbaba bastante. No te voy a decir que no me dejaba dormir pero casi. Pero tanto anduvo conmigo; tantas cuadras caminamos juntos; tantas calles, tantos semáforos, tantos ómnibus, que casi te diría que me acostumbré a su compañía. Tanto es así que ahora que no la tengo, cada tanto, en un esfuerzo emocional que me obliga a escurrir el alma, la traigo aunque sea por un rato a mi lado. Porque en el fondo es buena. Te enseña. Te hace crecer. Te hace valorar esas pequeñas cosas que generalmente pasan inadvertidas. Te hace más observador y más astuto. Te tira letra para vivir la vida. Y ahora que me acuerdo, hace rato que no la invito a pasar un rato conmigo. Quizás el domingo la invoque, voy a ver.

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Pero a lo que iba. Carola se llamaba. No ella, sino la que astuta y sagazmente me le presentó. Me conocía bastante y sabía que nos íbamos a gustar. Y así fue. No te voy a decir que fue amor a primera vista, pero sí a segunda. ¡Sabes que no recuerdo exactamente dónde fue! ¡Qué memoria la mía, amigo! Creo que fue en lo de Carola. Sí si, seguro que fue ahí donde podría decirse que, literalmente, me la entregó. Aunque no suene muy fino, fue así. Y hubimos varios culpables. Yo, que dejé que me la entregara sin oponer la más mínima resistencia, y ella que bajo las mismas condiciones se dejó entregar. Y bueno amigo, así es la vida. Pero todo bien, nada forzado. Ahora recuerdo mejor, era de tarde, como a las cuatro quizás. Me invitó a su casa no sé con qué excusa y yo fui.

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Recuerdo a su madre y a su perra, ambas en la cocina. Me parece verla. Estaba amasando algo. Pizza quizás. Me refiero a la madre, claro. No te quiero confundir amigo. Ana se llamaba y era media pesada. Menos mal que casi siempre estaba en el patio, donde tenía la cucha. Hablo de la perra, verdad. En realidad, nunca nos llevamos muy bien, aunque la pizza le quedaba buenísima. Pero te estaba contando de esa tarde. Cuando llegó y saludó ya noté algo extraño en el aire, aunque en ese momento no le di importancia. ¿Podes creer que la muy chiquilina la tenía escondida en el cuarto? Qué bobada ¿no? Cuando apareció con ella, tuve que hacer un esfuerzo para que no se me notara la exaltación –por no decir otra cosa- ya que era realmente hermosa. En realidad, era una belleza rara, exótica. Era una mezcla perfecta entre asiática, europea y criolla. No sé bien como explicarte, amigo. Lo que sí se es que me gustó de entrada, y creo que a ella le pasó algo parecido. Salimos esa misma noche, como lo haríamos tantas veces más. Esa primera vez, como para que no quedara tan brusco, salimos los tres. De todas maneras, y sé que no queda muy bien decirlo, esa noche se quedó en casa. Te lo cuento a vos amigo, porque sé que va a quedar entre nosotros, y además porque ya ha pasado mucho tiempo. Sabes que de otra manera no lo haría. Vos ves que he esperado bastante tiempo para contártelo.

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Sé que debes estar esperando que te cuente cómo era físicamente, ¿no? Bueno, qué te puedo decir. Era más bien pequeña, aunque perfectamente proporcionada. Era de rasgos muy delicados. Morocha, aunque creo que tenía tinta. Tenía una voz muy suave y dulce. Ya en un terreno más íntimo, te diré que era muy suave al tacto. Sé que te vas a reír pero era así. Suave pero firme. Y con todo en su lugar, eso sí. Curvas perfectas. Y cintura de avista, como se suele decir. Simplemente hermosa.

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Y bueno. Empezamos a andar juntos para todos lados. Recuerdo que habíamos empezado a ir a un boliche allá por San Telmo. ¿Ubicas? Barrio arrabalero si los hay. Y el boliche estaba en la misma línea. Nos gustaba mucho ese lugar. Incuso más de una vez subimos juntos al escenario y todo. Y así fue pasando el tiempo.

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Pensar que han pasado como 12 años amigo, y seguimos juntos. ¿Quién lo diría no? Ahora que lo menciono, no me quiero olvidar que el lunes tengo que ir a comprarle un encordado nuevo, porque el que tiene está hecho pelota.

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Abrazo.

3 comentarios:

  1. Muy lindo el cuentito che!!! (Yo esperaba algo anecdótico aerca de tu reciente "incursión concubinaria" ja ja)
    Pero... No se utiliza el verbo "hubimos", hay una explicación larga pero como no es mi intención aburrir, simplemente te digo que siempre que quieras decir que "hay" algo (singular o plural) tenés que poner el verbo haber en tercera persona del singular: "Hay una casa, había dos perros, hubo pocos invitados, etc."
    Saludos, siempre es un gusto leer tus historias.

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  2. Chupame un huevo, Luciana, me tenés podrido.

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  3. Estimado señor "Anónimo": sería bueno que hagas tus comentarios sin ocultar tu identidad, sobre todo cuando te despachas con ese lenguaje tan soez y que aproveches este espacio para contestarle a Hernán, en lugar de intentar polemizar conmigo, puesto que no creo sea el "conventillo" la intención de este blog.
    En fin... Cada uno es como es...
    Mis respetos a vos y a quienes tengan oportunidad de leer esto.
    Luciana.

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.