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domingo, 7 de diciembre de 2008

DOS DIENTES

Por Hernán Barrios
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Cuenta la leyenda que hasta comienzos del siglo XX existió en Uruguay, más exactamente en el departamento de Flores sobre las costas del Río Negro, una tribu de caníbales. En realidad fue una tribu solo los primeros tiempos, cuando aquellas dos parejas vinieron de África viajando de polizontes en algún barco mercante, pero con el paso del tiempo, se fueron camuflando y adaptando a la vida rural del país, hasta llegar a formar una pequeña aldea con algo más de 500 habitantes. Al mismo tiempo, parece que fueron reprimiendo poco a poco sus ancestrales instintos de ingesta de carne humana, supliéndola con moderado éxito por carne animal, sobre todo porcina, la cual según los entendidos es la que más se asemeja a la nuestra. Jamás permitían que alguno de sus integrantes se mezclara sexualmente con otra persona de fuera de la aldea. En definitiva, y aunque nos parezca aberrante, solamente tenían relaciones entre ellos. Dedicados a la cría de ganado y a la plantación de diferentes granos, aquella pequeña sociedad se mantenía, e incluso crecía a buen ritmo, bajo estos principios.

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No fue sino hasta mediados de la década de 1890, que las cosas comenzaron a complicarse. Una sequía de dimensiones extraordinarias se apoderó del país y duró bastante más de lo normal. Ya en el verano del 91 las cosechas y pasturas habían desaparecido casi por completo y los animales habían comenzado a morir de hambre. La situación comenzó a volverse insostenible para los habitantes de aquella aldea. Un año más tarde, una decisión dramática no se pudo demorar más. En una especie de asamblea en la que participaron todos los jefes de familia, se decidió por escasa mayoría volver a recurrir en forma temporal y hasta que las condiciones climáticas cambiaran, al canibalismo, como única forma de que al menos parte de aquella pequeña sociedad, pudiera sobrevivir. Las condiciones para comenzar a instrumentar dicha medida eran simples pero absolutamente rígidas, y el no cumplimiento de alguna de estas reglas, equivalía a una muerte segura y dolorosa. Primero, la ingesta se haría por orden de edad, en primer lugar serían comidas las personas más ancianas y así sucesivamente. Esto quería decir en resumidas cuentas, que en cada casa se empezarían a comer de a poco, empezando por el abuelo. A su vez, cada sacrificio se llevaría a cabo de manera discreta, respetuosa y sin aspavientos dentro de cada hogar. Y por último, era condición fundamental dar a ingerir al inminente difunto, un fruto que ellos llamaban kicu, el cual no hacía otra cosa que cortar de cuajo la conexión entre el sistema nervioso central y las neuronas sensitivas. O sea que la persona, si bien estaba despierta y conciente, era incapaz de sentir dolor. Se supone que el tema de la privacidad se instrumentó, para que no se comenzaran a producir actos desmesurados de homicidio entre los pobladores de aquel lugar y evitar así, desmanes y descontrol general.

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No contaron las personas que tomaron aquella fatídica decisión, con que la sequía se habría de extender mucho, pero mucho más de lo previsto. Dos años después de tomadas las medidas iniciales, la población ya se había reducido casi a la mitad, y lo que es peor, entre los morfados se encontraban casi todos los que habían tomado dicha decisión. La cosa siguió de mal en peor. El clima no mejoraba y el apetito de aquellas personas se hacía cada vez más voraz. Con el tiempo y ante la falta de gente que controlara, las reglas fueron dejadas de lado y el caos se apoderó del pueblo. Cuentan que cuando decidían matar a una persona, la cazaban en hordas y se la comían cruda, y al igual que perros rabiosos, se comían hasta los huesos. Obviamente los más perjudicados fueron los más débiles, esto es los niños y las mujeres. El índice demográfico continuó descendiendo a buen ritmo. Cuentan que a fines del 96 quedaban algo así como 50 personas.

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Eran las 2 de la tarde de un día de febrero del 1897 y se encontraban sentados frente a frente los dos últimos sobrevivientes de aquella devoración colectiva. Eran dos muchachos jóvenes y saludables. Se miraron en silencio durante varias horas hasta que en un momento, tomaron la decisión. Cada uno le dio al otro un fruto del dolor y se despidieron. Acto seguido, se acostaron en el piso uno al lado del otro, aunque con las cabezas para lados opuestos y comenzaron a comerse desde los pies. Habían arreglado ir al mismo ritmo para terminar juntos, aunque al final iban a tener el problema del último bocado. Y así en poco rato pasaron las piernas, los troncos, los brazos y los cuellos. La boca, por obvias razones, tenían que dejarla para el final. Cuando entraron en el tema de las cabezas tuvieron que coordinarse y hacerlo por turnos, ya que ambas cabezas no podían comerse al mismo tiempo. Así que un ratito uno se dejaba comer un poco y después le tocaba a él comer otro poco. Así lo hicieron hasta que solo les quedó la boca. Un bocadito cada uno se fueron comiendo poquito a poco los labios, las lenguas, los paladares, las encías y los dientes. Se fueron tragando diente por diente hasta que al final solo le quedó uno a cada uno. Y como se dieron cuenta que con un solo diente no podían seguir comiéndose, decidieron salomónicamente detener allí la ingesta. Al rato, murieron de hambre.

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Desde ese día y haciendo caso a la leyenda, a aquel vacío poblado –si se me permite la contradicción- se lo conoce con el nombre de Dos dientes. Dicen los viejos hijos de los viejos habitantes de pueblos cercanos, que si se busca con atención, aun hoy se pueden encontrar entre los pastos crecidos de aquella polvorienta calle principal, aquellos dos dientes muertos de hambre que un día trataron por todos los medios, de sobrevivir.


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8 comentarios:

  1. Hace bastante que leo tus historias pero nunca había comentado. Ahora lo hago solo para decirte que me tiene asombrado tu versatilidad. He leído historias para reír, llorar, pensar y ahora también para ¡¡enloquecer!! Aunque en un momento me dió un poco de asco, me gustó. Seguí así. Abrazo desde Argentina.

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  2. leo de vez en cuando tu pagina... este no encaja entre tus parametros....

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  3. ///He pasado gran parte de mi vida tratando de no atarme a parámetros, y aunque reconozco que generalmente mis escritos tienen otro tenor, esta vez tenía ganas de tomarme una pequeña licencia literaria. Espero no por esto perderte como lector.

    Gracias por estar.

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  4. Hola colega, he vuelto después de mucho tiempo ausente. Gracias por ser el seguidor número uno o el único seguidor de mi humilde blog, que ha estado fuera de servicio durante un laaargo tiempo, y desde aquí mis disculpas. Me encontré con muchas sorpresas en tu blog, todas de las buenas como siempre. Veo que estás tocando todos los palos de la literatura y eso es envidiable, más si lo hacés de la forma en que lo hacés, o sea, bien. Cuando vi el tema que le dedicaste a tu hermana en el casorio, al cual tuve el honor y el placer de ir, provocó en mi mente una serie de flashbacks que me emocionaron porque aquello fue muy lindo. Seguí así, Hernán. Este relato de los dos dientes me abrió el apetito, una chuletita jugosa estaría bien. Un abrazo a la distancia.

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  5. // Mis dilatadas y humedas pupilas titilan cual enana blanca a punto de colapsar, ante la enorme sorpresa de encontrarme con un comentario tuyo, amigo Alejandro. Claro que he seguido visitando ELKATALEJO todo el tiempo, siempre con la timida esperanza de encontrar algun nuevo material literario. Y ahora se me inflama el pecho de emoción al saber que ha vuelto al ruedo. Gracias por volver a visitar ELSERRUCHO y estamos en contacto.

    Abrazo.

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  6. A pesar del asco y rechazo que me produjo desde un principio, me atrapó y tuve que leerlo hasta el final. Será acaso la curiosidad innata animal? O será que todos llevamos un caníbal dentro? Arturo.

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  7. Primero que nada, no soy experta pero este medio me permite opinar igual asi que me animo a decirte : esto que contas tiene una gran similitud a la sociedad actual, esto de comerse al otro que es casi comerse a uno mismo o te lleva al mismo lugar no?
    me quede pensando y a pesar que es una imagen visual muy fuerte la que me genera me parece genial el solo hecho de que voy a estar el resto del dia pensando en tu cuento.
    Sin duda te voy a seguir leyendo-

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  8. // Hola y bienvenida Iki a este humilde espacio de lectura.

    Te quiero agradecer primero, el hecho de que te hayas hecho un tiempito para comentar, y segundo por la profundidad de tus palabras. Sos la primera persona -al menos en esta historia-, que va un poco más alla de las simples palabras y se interna en la profundidaden de la idea. Muy bueno y acertado tu comentario. Me encantaría que sigas regalándonos tus opiniones.
    Y debo confesar que sí, somos todos caníbales y por cierto, cada vez más.

    Gracias por estar.

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.