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jueves, 25 de diciembre de 2008

FELICES FIESTAS

Por Hernán Barrios



Cuando le dije a Lucía que esta navidad necesitaba estar solo, me miró medio raro. Y si, yo en su lugar también me habría mirado raro. Luego, cuando le expliqué las razones sobre las cuales se apoyaba esta necesidad, me volvió a mirar raro, pero en contra de todo pronóstico, creo que me entendió.

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Y digo en contra de todo pronóstico porque en realidad, si lo pienso bien, creo que las razones que esgrimí pueden ser entendidas por mí, y tres o cuatro locos más. (Sí, ya sé que el burro va por último, pero en navidad esas pavadas literarias no cuentan). La cosa es que acá estoy, (21:00 PM), sólo, en cueros, escuchando un disco de Cacho Castaña, con las patas arriba de la mesa ratona, transitando mi segunda medida de whisky y mi primer termo de mate, y con muy serias intenciones de escribir –tarde- mi mensaje para estas fiestas.

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¿Y qué les puedo decir que no les hayan dicho ya? Si les pasa como a mí, ya deben tener en su casilla algo así como veinte formas diferentes de desearles felices fiestas, entre presentaciones de PowerPoint, tarjetas electrónicas y correos en Arial 12, de los sencillitos nomás. Entonces, y para no ser el 21, arranco para otro lado.

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Voy a dedicar los próximos minutos a contarles las cosas que se generan en mí, cuando llegan estas fechas.

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Lo primero que me pasa unos veinte días antes del 25 de diciembre, es que se me potencia el olfato. Si sí, el olfato de la nariz. Es raro, pero en cuanto arranca diciembre, comienzo a oler cosas que el resto del año no huelo. Y ustedes se preguntarán qué tiene de interesante que ande con mi nariz como perro de aeropuerto. El tema es que cada uno de esos olores, es disparador de un recuerdo. ¿Me explico? Huelo almendras y me acuerdo de una etapa, un momento o una persona de mi niñez. Huelo pelones y sucede igual. Y lo mismo ocurre con las sandías, ciruelas, sidra (sí, la huelo tapada y todo), turrones, frutas secas, pólvora y jazmines. Ah… los jazmines.

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El olor a jazmín es mi mayor disparador de recuerdos. No he podido averiguar el por qué de esta reacción químico-psicológica, pero es así. Es pasar por un puesto o entrar en una casa donde haya un florero con jazmines, e inmediatamente le arranco imágenes y sensaciones al pasado, y me las traigo por un ratito, al presente.

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Vuelvo a sentir tan solo por un instante maravilloso, como era ser niño. Como era creer en todo. Qué se sentía el esperar un regalo de alguien de fuera de este mundo, que nunca se dejaba ver. Vuelvo a sentir la dulce e irresponsable certeza de depender de unos padres que me pedían nada a cambio. Me encuentro cara a cara con mi abuela Herlinda pasando mi café con leche de una taza a otra para que se enfríe, y de paso para que me quede con espumita. Ayudo por un instante a mi abuelo Liberato a matar algunas moscas con la palmeta. Siento el sabor de las galletitas María sacadas de esa lata cuadrada con visor de vidrio, y envueltas en papel de astraza. Y me como de paso un caramelo Zabala.

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Sí amigos, el olor de los jazmines es mi máquina del tiempo personal. Y ya poniendo un poco de mí y para colaborar con el clima de esta mágica cuestión, empiezo a hurgar en la discoteca y a poner canciones de época. Más o menos por el diez de diciembre, ya ando con mis discos de Los Wawancó, Los Iracundos y el trío San Javier, con “será varón, será mujer” incluida. Después por el 15, ya avancé un poco en el tiempo y hasta cambié de idioma; ahí me castigo con Queen, Roxette, Elton John y Phil Collins, entre otros. Pero el 24 en cuestión le entro directamente y sin tapujos a los mismísimos Pimpinela, Dyango, el Puma Rodríguez y cualquier otra momia que se me cruce en el camino. La verdad que a esa altura del partido no le hago asco a nada. Se ve que en mi más tierna infancia escuché “Aquí está su disco” hasta el hartazgo, y ahora se ven las consecuencias.

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Bueno, pero abandonando el tema musical en cuestión, lo importante para mí es hacer notar el siguiente hecho. En este momento somos producto de lo que fuimos. Me maté con la frase ¿no? Es el whisky, perdón. Pero sí, quiero decir que yo estoy aquí y ahora sentado frente a la PC escribiendo esto, porque previamente en mi vida se han sucedido acontecimientos que han hecho que esté hoy acá, y no en otro lado. Se me ocurre por ejemplo, si Margarita, mi profesora de literatura de segundo de liceo no nos hubiera mandado aquel día como tarea domiciliaria escribir una poesía, quizás yo ahora sería físico cuántico, y jamás habría descubierto mi gusto por escribir. O si mi tía no me hubiera tendido su mano cuando me hundía sin remedio en aquel remolino de la playa de Durazno, es bastante probable que ni siquiera hubiera conocido a mi profesora de Literatura. Y todo así. Cada hecho, es producto, en mayor o menor medida, de todos los que lo han precedido.

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¿Por qué hablo de estas cuestiones? Para llegar a instalarme en el tema al cual quiero hincarle el diente, que son las personas.

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¿Alguna vez se han puesto a pensar cuántas personas conocemos a lo largo de nuestra vida? ¿Muchas, verdad? De nuestros padres para acá, que son seguramente las dos primeras que vemos luego de nacer, la lista es casi interminable. Obviamente no las recordamos a todas, pero todas en mayor o menor medida, han contribuido a darle un rumbo a nuestra línea de vida.

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Como dije antes, primero están los padres, luego los familiares, los amigos, conocidos, y por último las personas con las cuales tenemos un contacto apenas eventual y absolutamente transitorio. Y de todas absorbemos algo y formamos, al final, nuestra persona. He aquí otra frase célebre: somos el producto de lo que traemos de fábrica, más la influencia de los demás. Entonces, si lo que somos se lo debemos en gran parte a las personas que han pasado por nuestra vida, no queda otra que aprovechar estas fechas para darles al menos, las gracias.

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Quiero en este momento, cuando las agujas están a punto de fundirse en un abrazo en lo más alto de la esfera del reloj, hacer lo propio con ustedes. Hacerles saber que todas y cada una de las personas que están leyendo estas líneas, son importantes para mí. Es más, son parte de mí. Todos, desde mi madre y mi padre, hasta el “anónimo” que me regaló algunas palabras en el último post publicado. Todos determinan mis acciones, y por ende, mi vida.

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A todos les deseo lo mejor que se le puede desear a una persona, que es felicidad. De la manera que cada uno la conciba, pero felicidad al fin. Que se concreten todos sus sueños. Que tengan salud. Que tengan amor. Que tengan a alguien con quien hablar, si es lo que necesitan, pero que también tengan un espacio de silencio y soledad para poder hablar consigo mismos. Y deseo que no se olviden jamás, que de este lado hay un ser siempre dispuesto a retribuir de la manera que sea, ese pedacito de mi vida que por derecho, les pertenece.

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¡FELICES FIESTAS PARA TODOS !



7 comentarios:

  1. Me sentí muy identificada con tu reflexión. No se muy bien cómo me llega lo que escribís, tal vez porque simplemente vamos buscando. Y así -con lo que vamos encontrando, dentro y fuera- vamos ayudando a iluminar un poquito más el camino del otro. Gracias por tu lucecita.

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  2. /// Ojalá mis nómades palabras sirva, sino para iluminar el camino de otra persona, al menos para verse reflejado y sentir por un instante, que no está sola. En tu caso, quizás ayude el hecho de que seamos del mismo signo. Quien sabe.

    Gracias Laura por estar.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. vaya, no te conocía, y que lindo regalo de navidad conocerte. Que hermoso escrito, recordé que también el olor a navidad me lleva a recorrer de nuevo muchos pasos... esos día donde todo era mucho más sencillo y no me daba cuenta. Y ahora hay olores nuevos que dentro de unos años nos harán recordar éstos días. No soy piscis, pero lo de la sencibilidad si lo llevo dentro y veo que tú también. Gracias por visitar mi rincón... te espero de vuelta, yo por ahora me quedaré un rato más en el tuyo y espero volver.

    un gran abrazo!

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  5. A mi me ha encantado tu entrada, me he reido mucho!
    Seguiré pasandp por aqui!

    FELIZ NAVIDAD! Y encantada!
    Eres bienvenido!

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  6. Que casualidad, acabo de autoregalarme para nochebuena un perfume de jazmín recien salido de los laboratorios Bul...ari.

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  7. Que razón Serrucho.
    Muchas gracias por tu comentario, porque como dices, eres mayor que yo y ves las cosas d otra manera.

    He leido el cuento de Marisa, lo has escrito tu?
    es verdad que no disfrutamos lo que tenemos, hay una pelicula parecida al cuento, mi vida sin mi de isabel coixet , no se si la habrás visto
    me ha gustado mucho esta frase:
    "La fragilidad de nuestro cuerpo es tan grande que se corresponde absolutamente con la idiotez de nuestro ego, y nos hace demasiado vulnerables"
    Creo que tiene tanta razón

    Espero que sigas pasando por aquí, para que me sigas pasando más cuentos! ejej


    Un saludo

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.