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miércoles, 7 de marzo de 2012

EL PODER INVISIBLE

Por Hernán Barrios


Detona este artículo el correo que me hizo llegar un buen amigo, conteniendo un escueto video de poco más de tres minutos, en el cual un periodista acusa al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de no cumplir algunas promesas realizadas durante la campaña electoral que lo llevaría a la presidencia en el año 1999.

El video es el siguiente:

video


No es mi intención con estas líneas defender ni abrir juicio de valor alguno sobre éste u otros videos que circulan por la web, o convertirme en defensor de Chávez ni de figura pública alguna, sino simplemente compartir mi experiencia personal sobre este tipo de información dirigida, y realizar un llamado de alerta (uno más, ya que no es la primera vez que en este espacio escribo sobre el tema), sobre el peligro que encierra el creer ciegamente en lo que nos muestran los medios de comunicación masiva en general, y principalmente su figura estrella la televisión, en particular. En busca de estos objetivos trataré, estimado lector, de ser lo más imparcial posible (aunque aquellos que estamos en el tema de la comunicación sabemos que la objetividad absoluta es una utopía), tratando de analizar los temas aquí planteados desde un punto de vista neutral.

LA TELEVISIÓN Y LA GENTE

Aunque a esta altura ya debería haberme acostumbrado, confieso que aún no deja de asombrarme el poder de convencimiento que la televisión ejerce sobre la mayoría de la población. Por motivos cuyo análisis escapa al propuesto en este artículo, crecemos y vivimos convencidos de que lo que se nos muestra por televisión, es fiel reflejo de la realidad. El endiosamiento que hemos hecho de la pantalla chica es tal, que la mayoría de las personas ni siquiera se detienen a pensar un momento, en que detrás de ese electrodoméstico aparentemente inocente y simpático, hay seres humanos con poder e intereses personales, dispuestos seguramente a usar dicho medio en favor de esos intereses. El siglo XX y lo que va del XXI han estado plagados de acontecimientos, que pasados los años se ha comprobado, fueron orquestados por poderes puntuales en procura de determinados objetivos, y que usaron la televisión y anteriormente los periódicos, para conseguirlos.

Pero no se puede culpar gratuitamente a las masas de su credulidad. Según mi opinión, ésta es hija de la falta de cultura y educación al respecto. ¿Por qué razón sino son siempre los estudiantes universitarios, los primeros en desconfiar y salir a las calles a manifestarse en contra o a favor de determinadas consignas de los gobiernos? Entre otras cosas porque saben, porque han aprendido en las aulas, que no todo lo que nos cuentan por los medios es verdad. La educación es la liberación de los pueblos, ha dicho alguien por ahí. Frase cierta si las hay. Yo no estaría quizás hablando del tema, o talvez ni siquiera me lo habría planteado, si no fuera porque tuve la posibilidad de insertarme en la educación terciaria y aprender de primera mano, estos designios básicos de la comunicación.

EL NEGOCIO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Lo primero que tenemos que entender, es que los medios de comunicación privados no son una entidad benéfica. Sus dueños, muchas veces importantes grupos económicos que mueven millones y millones de dólares en negocios de diversa índole, lo que buscan en última instancia es sacar rédito económico de dicha inversión. Lo cual es por cierto lógico y aceptable desde todo punto de vista. Nadie en su sano juicio va a invertir su dinero en un negocio que no le reporte beneficios de algún tipo.

Lo segundo, tan o más importante que lo primero, es que los medios de comunicación masiva y especialmente la televisión, son grandes generadores de opinión. ¿Qué significa esto? Que son la manera más eficáz que existe en el mundo de hacer llegar mensajes y de sembrar ideas en la gente. ¿Pero por qué son tan eficientes? Nada menos que porque desde su creación, nos han hecho creer que lo que allí se muestra es fiel reflejo de la realidad. Nacemos, crecemos, y pasamos gran parte de nuestras vidas delante de un televisor. Allí encontramos básicamente dos cosas, entretenimiento e información. ¿Cómo no habríamos de creerle entonces a un aparato que desde que abrimos los ojos, siendo muy pequeños, ha estado en el living de nuestras casas? Se produce así una especie de relación hipnótica entre el televisor y el televidente, que salvo que ocurra un hecho demasiado dramático en dicha relación, se mantendrá por siempre. ¿Usted dudaría acaso si en el informativo de la noche le dicen que cuatro hombres armados asaltaron el almacén de la esquina? Seguramente que no. Y no sólo lo creeríamos, sino que nos convertiríamos además a la mañana siguiente, en repetidores honorarios de dicha información, y por ende de dicho medio. Es tan claro como ésto: la televisión nos dice de qué vamos a hablar la mañana siguiente con el vecino. Y es bastante probable además que nuestra opinión sobre la noticia, dependa directamente del enfoque con que el medio la haya abordado. En definitiva amigos, las personas pensamos y hablamos no de lo que se nos ocurre, sino de lo que los medios quieren que pensemos y hablemos. Visto desde este punto de vista, no somos tan libres como creemos.

¿Se entiende amigos por qué tienen tanto poder los medios de comunicación masiva? Son las únicas entidades sobre la faz de la Tierra capaces de convencer a una población entera,  ya sea que hablemos de un pueblo, de una ciudad, de un país, o incluso de toda la población mundial, de un determinado hecho, o si hilamos más fino, de un determinado concepto. Si lo pensamos bien, es mucho poder. Tanto, que a lo largo de los años han demostrado ser capaces de por ejemplo y entre otras cosas, derrocar gobiernos inconvenientes, generar guerras inexplicables e injustas, organizar cazas de brujas internacionales, y crear mentiras globales en busca de un objetivo puntual.

Un detalle más que importante a tener en cuenta a la hora de analizar el poder de los medios de comunicación masiva, es el hecho de que detrás de ellos, en su conducción, hay solo un reducido número de personas. O sea que todo ese poder del que hablamos en el párrafo anterior, está en manos de unos pocos seres humanos, los cuales tienen además, como ya dijimos anteriormente, intereses comerciales particulares.

LOS GOBIERNOS Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Por lo dicho anteriormente, queda en evidencia que la televisión sigue siendo aún hoy, en marzo de 2012, y a pesar de que han aparecido en los últimos años medios alternativos de comunicación como por ejemplo Internet, el canal más potente que tienen los actores políticos, de oficialismo y de oposición, para meterse en la cabeza de las personas. Es por esta razón que entre unos y otros se producen alianzas estratégicas, que en el fondo buscan beneficiar a ambas partes. De una forma muy lineal, el trato sería algo así: “yo te ayudo a llegar al poder convenciendo a la gente a través de mi pantalla, y cuando lo alcances vos me beneficias generando condiciones favorables a mi negocio, mediante la creación de una legislatura adecuada”. Está claro que este es un raquítico esquema del contrato tácito que realizan las partes involucradas. Dentro de él se pueden llegar a firmar los más inverosímiles acuerdos. No en vano se  conoce a los medios de comunicación, desde hace muchos años, con el apelativo de CUARTO PODER. Mi opinión es que le pusieron el cuarto para que no quedara feo ante la opinión pública, pero en los hechos muchas veces es el primero.

Dentro de este marco general, que ya de por sí despide olor nauseabundo, se cocinan entramados que ni el más creativo de los cineastas puede llevar a imaginar. A esto debemos sumarle un ingrediente tan importante como los mencionados hasta aquí, que es el hecho de que los actores políticos suelen por otro lado asumir compromisos, además de con los medios de comunicación, con otro tipo de poderes económicos que de una forma u otra (generalmente mediante la inyección de dinero para sus campañas electorales), los ayudan a llegar al poder. El trato es más o menos parecido al bosquejado anteriormente. El fondo de todo ésto es que llega un momento en que el entramado de intereses y poderes es tan importante, que las partes se alejan  definitivamente de sus cometidos fundamentales, y se avocan básicamente a pagar a cualquier costo, las deudas contraídas. Por todo esto, llegamos al punto en que los políticos dejan de usar el poder, que el pueblo depositó en sus manos mediante el voto para mejorar sus condiciones de vida, y lo usan para beneficiar a ciertos sectores poderosos. Por otro lado, la televisión se aparta de su cometido primordial que sería entretener e informar (educar) al mismo pueblo, y se dedica a exactamente lo contrario: a desinformarlo y confundirlo.

VENEZUELA Y EL GOLPE DE ESTADO DE 2002

Llegamos al fin al punto del que partimos, y al tema que ofició de detonante del presente artículo.

En Venezuela se llevó a cabo en abril de 2002, uno de los más claros episodios de manipulación mediática que han ocurrido en la historia de la televisión mundial, y que con los años ha podido ser comprobado fehacientemente. Poderes importantes de dentro y fuera de dicho país gestaron, planearon, y ejecutaron un puntilloso y maquiavélico plan para derrocar al gobierno constitucional de Hugo Chávez (el cual había sido alcanzado con el 63% de la voluntad ciudadana), e instaurar un régimen más conveniente a sus intereses. Lo consiguieron durante algunas horas, aunque al final y gracias a la férrea convicción y determinación del pueblo Venezolano, la institucionalidad fue instaurada nuevamente. Éste es tan solo un ejemplo claro del poder que los medios de comunicación masiva pueden llegar a desplegar, en determinadas circunstancias.

Ustedes pueden creer o no en mis palabras, estimados amigos. Es por esto que me gustaría invitarlos ahora, a ver un par de excelentes documentales que tratan el tema de manera seria desde diferentes puntos de vista, y que aportan pruebas absolutamente irrefutables al asunto. Ojala luego de verlos comience a crecer en alguno de ustedes la semilla de la desconfianza, y puedan ser capaces a partir de ello, de no creer ciegamente en lo que un determinado medio de comunicación intenta contarles, sino que puedan aprender a buscar informaciones alternativas, y a sacar sus propias conclusiones al respecto. Si eso sucede al menos con uno de ustedes, queridos lectores, el objetivo de este artículo estará cumplido.



1) LA REVOLUCIÓN NO SERÁ TELEVISADA




           2) PUENTE LLAGUNO: CLAVES DE UNA MASACRE


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