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domingo, 2 de diciembre de 2007

DESPERTAR

Es exactamente a las 6 de la mañana y de lunes a viernes cuando, sin ningún tipo de pudor ni consideración, el radio-reloj que los amigos de Philips han tenido la deferencia de obsequiarme intenta, mediante alaridos intermitentes de volumen totalmente desconsiderado, hacer que mi lánguida y esquelética osamenta abandone el tibio lecho en el cual se encuentra plácidamente sumergido. Ante tamaños embates, un servidor se defiende aplicando una serie de manotazos de diferente alcance que desesperadamente tratan de enmudecer al endemoniado aparato. Luego de varios intentos frustrados y mediante la aplicación de un certero golpe en su parte superior es que lo logro, no sin antes, por supuesto, haber también logrado sin querer, tirar al suelo gran parte de las frazadas, sábanas, y demás elementos calentatorios que por las noches cubren mi cuerpo. Cinco minutos dura el efecto de mi lucha, ya que luego de pasado ese tiempo, el aparato maldito comienza otra vez su demoníaco canto el cual consigue indefectiblemente hacerme montar en cólera. Es tanta la estrategia bélica que me veo obligada a desplegar diariamente que luego de varios intentos pierdo completamente mis deseos de seguir estando en la cama.
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Once minutos faltan para las 7 de la mañana cuando tímidamente asomo el dedo gordo de mi pie izquierdo con el único motivo de medir la temperatura ambiente existente a esa hora de la madrugada. Segundos después, y en un estoico acto colmado de heroicidad y bravura es que pego un felino brinco que me deja situado a aproximadamente 170 pulgadas de la catrera y generalmente en posición de cúbito horizontal. Meticulosamente y sumergido en la semi-oscuridad del recinto y/o bulo trato afanosamente de localizar todas y cada una de las prendas que la noche anterior han quedado diseminadas por los alrededores de la cama. Una vez reunidas todas las piezas de mi indumentaria y ya en mi poder también el perfume y la toalla me traslado presuroso y sumido en un profundo temblor hacia el baño donde me dispongo a dar una tibia y confortable ducha.
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Una vez que he llegado al recinto de aseo, en primera instancia mi misión es tratar de no agarrarme una congestión con el frío gélido y los chifletes de viento que penetran a velocidades huracanadas tanto por la banderola ( que no cierra bien ) como por debajo de la puerta, donde hay una rendija de aproximadamente 45 centímetros de alto. Tapo el ya mencionado cráter con el paño de piso puesto a modo de chorizo y procedo a despojarme de la ropa de cama no sin antes haber abierto la ducha ya que el agua caliente tarda un tiempo prudencial en recorrer la cañería y llegar a su extremo superior; 5 minutos como mínimo. Una vez que el agua alcanza aproximadamente los 50 grados centígrados, hago varios intentos hasta que por fin logro meterme debajo del chorro, ( más bien chorrito, porque da pena el pobre. Son como 5 hilos de agua desflecados que se las arreglan ingeniosamente para esquivarme cuando intento mojarme ). A duras penas logro, luego de un período de tiempo no demasiado corto mojarme por completo la cabellera para poder así colocarme el champú así como también la crema de enjuague. Cuando estoy terminando de quitarme el jabón del cuerpo y estoy presto a cerrar la lluvia, el agua alcanza al fin la temperatura que me hubiera gustado tuviera desde el principio. Tomo la toalla, que cuidadosamente me encargué de colgar en el pestillo de la puerta y me seco a toda prisa en medio de una serie de contoneos y movimientos pélvicos que tienen la única e importante misión de evitar que muera de hipotermia. Me visto a toda prisa, seco el piso, lavo concienzudamente cada una de mis piezas dentales, pongo en orden mis cabellos y parto hacia el living.
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Enciendo el televisor en el canal 4 para enterarme de algunas noticias del acontecer nacional e internacional al tiempo que comienzo a preparar mi café con leche. Dos de azúcar, dos de café, leche extra calcio Conaprole y al micro durante 1 minuto 40 segundos. Comienzo a degustar sorbo a sorbo el desayuno al tiempo que ingiero algún comestible sólido tal como pan con manteca y/o similar mientras mi amigo Nubel Cisneros se empecina en hacerme creer que el tiempo se va a comportar en las próximas horas tal y como él lo predice, cosa que por supuesto rara vez se sucede.
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A todo esto, las manecillas del reloj indican que falta poco más de 20 minutos para las 8 de la mañana y tomo conciencia recién en ese momento de que debo darme prisa si quiero llegar a tiempo al trabajo. Lavo la taza; coloco mi celular en la cintura; me pongo algo de perfume; doy de comer a “Lucero”, mi pecesito; me pongo la campera y arranco con furia. Mi leal bi-rodado me espera ansioso al costado de la escalera con sus lustrosas cubiertas deseosas de surcar a velocidades siderales el ya conocido camino hacia mi laburo que diariamente recorremos juntos en feliz comunión. Pocos son los obstáculos que se atreven a interferir en nuestro diario recorrido; incluso automotores y motociclistas dudan antes de interponerse en nuestro camino al ver la velocidad, la prestancia y el respeto que imponemos al avanzar con hidalguía hacia nuestro destino.
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7 horas, 56 minutos indica el reloj tarjetero cuando brusca y desafiantemente introduzco mi tarjeta magnética en su vil ranura. Y cual viento pampeano en brusco remolino, comienzo brioso mi jornada laboral.

5 comentarios:

  1. VERIFICACION DE FUNCIONABILIDAD (comentario de prueba) //

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  2. Me enamoré de tus artículos... te quiero.

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  3. Felicitaciones!! porque aún te funciona esa fuerza de voluntad para vencer la cama a esas horas de la madrugada, y todavía desayunar y mirar el tiempo en la tv!!!
    Yo en mis... años de vida nunca logré levantarme a tiempo para marcar el reloj del laburo con 4 minutos de anticipación ja.
    Confesión: siento envidia de la gente que puede madrugar y le funciona el cerebro antes de las 10 de la mañana.
    Lucia

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  4. Te vi corriendo por la rambla el sábado. Dabas un poco de pena pero igual sigo enamorado de vos.

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  5. Pará Fernando, no te creas que tienes derecho a enamorarte de este infeliz.
    Su fiel pareja seguiré siendo yo...
    Roberto.

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.