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miércoles, 2 de septiembre de 2009

COSAS DE LA CONVIVENCIA (LUCES)

Por Hernán Barrios


Conseguir que tu compañera apague las luces de las habitaciones en las que no está, es misión imposible. Ellas se creen omnipresentes. Por cada lugar por el que van pasando, dejan su lucecita encendida, supongo que como recuerdo de que estuvieron allí. ¿O será para encontrar luego el camino de vuelta? La cosa es que uno llega de la calle, encuentra a su amada mujer leyendo en el escritorio, pero tiene las dos luces del living encendidas además de la televisión, la de la cocina porque está por ir a cocinar, la del baño porque acaba de salir, y por supuesto la del cuarto, porque es donde está en ese momento. Lo peor de todo –además del gasto inútil- es que jamás te lo reconocen, y tienen además siempre la excusa adecuada para justificar tal derroche de energía.



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1 comentario:

  1. ¡¡¡Odio que dejen las luces encendidas innecesariamente!!! Les mandaría una protesta de Greenpeace a quienes hacen eso.
    Sin embargo, ningún extremo es bueno. Ni ser derrochador, ni ser amarrete.
    Conozco a una persona que guarda los fósforos usados para reutilizarlos: los enciende con la llama del calefón, y después enciende las hornallas.
    De terror.

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Diga sin miedo lo que piensa, acá no hay censura de ninguna clase. Le sugiero igual que impere el respeto, en caso contrario difícil que pase.